LA MÚSICA COMO PRODUCTO DE HÍPER-COSUMO

En los últimos cincuenta años la industria musical ha tenido un gran auge y ha desarrollado todo un contexto mercantil el cual posiblemente nunca pudo haber sido imaginado por los músicos del pasado, el papel de la música en la sociedad actual va más allá del disfrute de la experiencia estética al escucharla, ya que conlleva todo un cumulo de asociaciones como lo es el sentido de identidad a ciertos grupos o clases, de igual manera el propiciar ciertas conductas en la gente como sucede con la música de fondo por ejemplo en los supermercados, también el motivar a la activación como sucede en los gimnasios entre otras asociaciones milenarias como las que se encuentran en la música de actividades religiosas hasta las contemporáneas como las que se encuentran en el género de rock u otros géneros.

El contexto mercantil al cual se hace referencia va encaminado no solo al consumo musical sino también al consumo de aparatos que propician comodidades como la de reproducir la música a la hora que se desee, en su momento fueron los discos de vinil, posteriormente los casetes y los Cds, y ahora los medios como computadoras y celulares que a través de Internet en plataformas virtuales como lo son: Youtube, Spotify, Apple music, entre otras, se puede tener acceso inmediato casi a cualquier música, inclusive se han desarrollado aparatos especiales como estéreos, amplificadores y recientemente el “Ipod” que permiten manipular la calidad sonora según el gusto personal del individuo, autores como Lipovestky mencionan que la sociedad de hiperconsumo exacerba el individualismo, ya que cada individuo personaliza su espacio y su tiempo y sus objetos propios. Tal como sucede en plataformas virtuales como Spotify donde puedes crear y personalidad tu propia lista de canciones favoritas y solo basta el Internet para poder tener acceso a ella prácticamente en cualquier lugar, de igual manera aparatos como estéreos amplificadores y reproductores de música tienen opciones donde puedes personalizar la calidad sonora, en donde puedes aumentar bajos, medios o agudos y ecualizar a tu gusto la música, este consumo híper- individualista de música genera grandes cantidades de dinero lo cual según Toffler se traduce a un sistema de riqueza, este autor menciona que existen muchos micro sistemas de riqueza los cuales todos son parte de un macro sistema de riqueza en este sentido el arte musical y todo su contexto generan un pequeño sistema de riqueza el cual produce enormes cantidades dinero diariamente.

Pongamos un ejemplo al momento de generar un festival de música como Coachella o Glatonbury en donde aproximadamente asisten 200,000 personas dejan una derrama económica de entre 80 y 100 millones de dólares. Solamente durante los 3 o 4 días del festival, teniendo en cuenta los miles de festivales musicales que se realizan en todo el mundo durante todo el año la cantidades de dinero que generan los festivales son exorbitantes. De igual manera las plataformas virtuales donde se puede escuchar música y la venta de aparatos los cuales tienen por objeto o por algunas de sus funciones el reproducir música generan millones de dólares diariamente. En otras instancias inclusive la ilegalidad también se aprovecha de este híper-consumo relacionado a la música con millones de descargas de música de manera ilegal y, con la piratería por otra parte, lo que sin duda ha llevado a la industria disquera al borde de la quiebra y que a propiciado renovar esta industria con nuevas alternativas tecnológicas como el generar sitios legales de descarga de música.

Ante todo ello surge la interrogante sobre cuánto de toda esta ganancia llega a los músicos que de alguna manera son la fuente generadora de este sistema de riqueza. Pues se puede decir que lo suficiente pero quizás no lo que debería, comparando varios estudios se estima que el 5% de la totalidad del dinero generado mediante el consumo musical llega a los músicos lo cual se traduce a millones de dólares. Pero afortunadamente o desafortunadamente dependiendo del cristal con que se mire no todos los músicos o mejor dicho la gran mayoría no son parte de este sistema de riqueza, que parece excluir a todos los músicos ajenos a los gustos de las grandes masas. Es aquí donde el discurso tan desgastado pero aun vigente de la Industria Cultural del autor Adorno toma relevancia ante La muerte del arte de Vattimo, el cual menciona que: la muerte del arte no es sólo la muerte que podemos esperar de la reintegración revolucionaria de la existencia, sino que es la que de hecho ya vivimos en la sociedad de la cultura de masas, en la que se puede hablar de estética general de la vida en la medida en que los medios de difusión, que distribuyen información, cultura, entretenimiento, aunque siempre con los criterios generales de “belleza” (atractivo formal de los productos), han adquirido en la vida de cada cual un papel infinitamente mayor que en cualquier otra época del pasado. Esto puede ser apreciado claramente en un país como México donde los medios masivos como la radio y la televisión ofrecen pocas alternativas musicales generalizando todo su repertorio solo en algunos géneros musicales y artistas de moda  lo que no permite una adecuada diversidad musical sólo basta observar la cantidad de estaciones musicales que producen los mismo géneros musicales de música popular como la banda, la grupera, la balada y el pop, o canales especializados en música como bandamax o tele- hit, que reproducen los mismo géneros anteriormente mencionados.

Sin bien es cierto que la revolución tecnológica del Internet permite tener acceso a todo un sinfín de música, también es cierto que tal como lo menciona Vattimo la cultura de masas impuesta por los grandes medios de comunicación es avasalladora y poco se puede hacer ante la estandarización cultural que esto provoca. Ante ello es aquí donde el arte musical sucumbe ante la abrumadora cultura de masas, y se encuentra entre la disyuntiva de mantener una polaridad entre los gustos de las masas y el resto de espectadores no pertenecientes a este concepto, por lo que una gran cantidad de músicos deciden sacrificar su libre creación para adaptarla a los gustos más populares de la gente y poder tener una esperanza de entrar al sistema de riqueza de la industria musical, lo que se puede definir metafóricamente como la muerte de la música. Ante ello se puede proponer las siguientes conclusiones.

La música actualmente es de alguna forma el arte predilecto para el híper-consumo, el paradigma del consumo musical del siglo XXI, propone que solo un pequeño sector de géneros musicales ya preestablecidos pueden entrar al sistema de riqueza de la industria musical. Ante ello el problema no es que todos los demás géneros musicales no generen la misma riqueza que los géneros populares sino el problema es que mucha de esta música es completamente desconocida por la cultura de masas y casualmente es la música más propositiva en cuanto a la reflexión de ideas nuevas en todos los ámbitos, y este tipo de música puede ser la única alternativa de evitar lo que se puede denominar como “La muerte de la música” en donde la música únicamente está a merced de producir ganancias económicas.

Ante todo lo anterior expuesto se concluye que algunas alternativas para contrarrestar el concepto de la música como un producto de híper-consumo es el gestionar más festivales, estaciones de radio y canales musicales con mayor diversidad musical que puedan polarizar ante la abrumadora ola de consumo musical impuesto en la cultura de masas contemporánea, así como implementar en los sistemas educativos un programa que permita una mayor difusión de la diversidad artística en la educación elemental.

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