Alma étnica

Entrevista con la pintora Cathy Chalvignac.

   El encuentro con el mundo fabuloso de lo autóctono, de los orígenes, de los viajes para estrechar la relación del artista con las comunidades indígenas más diversas en distintas latitudes resultando la experiencia del convivir, memorizar y pintar las imágenes de los pueblos originales, es la reivindicación que hace la artista franco mexicana Cathy Chalvignac de su aprendizaje y vivencias atreves de su obra y que además evidencia no solo la majestuosidad de lo nativo, si no de drama social cultural que los indígenas siguen viviendo en el incipiente siglo XXI.

           Hija de artistas, de padre escultor y madre diseñadora Chaty nace en Francia pero desde muy niña emigró a Montreal Quebec, la “Noveau Amérique du Nord” plena de oportunidades y de sueños congelados, en donde nos dice en entrevista, por azares del destino y más que por inercia y no por vocación ingresa a estudiar dibujo a los 17 años de edad en “ Ecole de Beaux Arts” en Montreal Quebec , Canadá.

         Corrían los años 50’s cuando a la hoy reconocida pintora le encantaba la historia debido a su condición de inmigrante europea en el nuevo mundo, que arriba atreves de un barco en el atlántico al viejo puerto de la ciudad cultural por excelencia del Canadá, se empeña en dominar el dibujo artístico y la geometría.pintora

       Años más tarde regresa a París en Francia a seguir estudiando en la “Ecole d’arts et métiers” en donde reafirma y descubre su teoría muy personal sobre el lápiz y el color, experimentando diseño en gran formato y por primera vez con modelos humanos, sintiéndose atraída por las sombras, era según sus palabras un modelo de enseñanza muy académico nada libre.

   “Al principio llegué a sentirme muy frustrada con mis intentos de pintar y dibujar, ”va del formato grande al chico, intenté el grabado y tampoco me lleno, fue una etapa difícil y de baja moral en París pero seguí insistiendo así por dos años más”.

   Se traslada al sur de Francia, es en Niza se enamora por primera vez del artista Patrick De ndun, y se ve involucrada más en el ambiente del arte decorativo y del mundillo intelectual en voga, la dialéctica pose falsa y el advenimiento de las nuevas costumbres y de consumo de drogas, de expos colectivas en donde descubrió su pasión por la fotografía : “algunas fotos mías eran muy sórdidas y oscuras retrata sobre todo “junkies” y dramas urbanos”.

     Fue un proceso ardua y complejo hasta llegar a su amor por lo étnico, por tratar de plasmar el realismo dramatizado n retratos de indígenas, amor que le surge desde su época de juventud en Quebec y de su primer viaje por las India y de ahí su largo andar como mujer “globetrotter” en donde se identifica con el color, el muralismo, al arte y el amor por la vida.

     Viaje artístico que encuentra en México su parte aguas, pues desde que arribó por primera vez para residir en el puerto de Manzanillo Colima, lugar en donde se quedó 10 años para luego mudarse a su residencia definitiva en el pueblo mágico de Ajijic Jalisco en donde llegó en 1995 y que considera su hogar y “mi mayor inspiración pues su gente, su lago, y su vibración cambiaron mi forma de ver el arte y la vida para siempre estoy completamente integrada a su pueblo y comunidad artística” señala.

     “Siento que mi alma es étnica, mi inspiración máxima está en las gentes indígenas, sus costumbres, sus artesanías, sus máscaras, su comida y cultura, grupos étnicos que he visitado y pintado, desde Oaxaca hasta África, ellos son la verdadera obra de arte de la inteligencia y sapiencia humana, trato de plasmar ese mundo que va rumbo al exterminio debido a las contradicciones de un mundo tecnificado y civilizado”.

Por Carlos Álvarez Gallegos