“Esta libertad creativa es fundamental en todo artista, si uno se estabiliza en una manera de ser porque el mercado ya lo acaricio a uno y se empieza a repetir, ahí se acabó la vida del artista, ya no hay creación”, es como el escultor Pablo Olivera, inauguró la exposición “Devenir de la Forma” que se encuentran exhibidas en las Salas Eduardo Chillida y Guillermo Ruiz, del Museo Federico Silva. Escultura Contemporánea.

Un devenir de la forma que esta integrada por 15 piezas bajo esta  una fuerte influencia de lo geométrico abstracto. Obras donde se puede ver no solo la asimilación de curvas, formas creadas de forma orgánica que son planteadas bajo estos dos conceptos en el acabado de sus piezas: en color negro y en oxido.

En el primer caso, decidió pintarlas de negro para acentuar la neutralidad visual de cada una de sus esculturas y la lectura de la forma, a través de los perfiles que se contraponen a su espacio. Mientras que la oxidación lo libera de la idea de tener a sus piezas pintadas, pulidas; de ahí, el acentuar la materialidad propia del metal y ese carácter temporal, que ocasiona que el metal vuelva a ser polvo de fierro.

Como también se puede percibir en sus obras, este pasar de un plano a la parte tridimensional, que es la esencia de su trabajo, “ya que normalmente parto de planos, con cortes y dobleces que se van enriqueciendo esa experiencia y además, es solo hecho de tener un plano, hacer un corte y crear un doblez, ese doblez vive en el espacio y en el tiempo, porque esta moviéndose, entonces lo que uno ve y esta percibiendo en una escultura que se ha debatido es un espacio en tiempo pasado, ese tiempo es pasado porque es secuencia de un movimiento en el tiempo, y esas sensaciones es con las que yo juego, trabajo y busco, en donde cada pieza tiene una manera de resolverse, por eso hay diferencias entre las formas de estar de las esculturas”.

Como no olvidar que la escultura es una expresión humana, u un material sensible transformado. Creo que esa idea de la poetica de la forma se puede hacer con la luz insisto, creo que la escultura tiene un presente continuo, no hay una fecha, no debiera tener una fecha”.

Quien se sintió sorprendido por la museografía, creada por Daniel González. “Es como si estemos recorriendo y viviendo dentro de una escultura. Estas las piezas son descubiertas en ciertos puntos y van a ver estos encuentros de estas esculturas que están envueltas en este misterio, de ahí que me atrevería a pensar un poco en la arquitectura emocional que planteaba Mathias Geritz, que era recorrer áreas y de repente las traspasas, aquí están jugando con esto y a mi me parece muy interesante”.

Considero que como artista no le gusta que lo clasifiquen, eres tal, ” yo acepto que el constructivismo en mi trabajo es una manera de, porque yo armo las piezas construyéndolas,no las tallo, pero creo que la idea de la construcción de una forma unitaria a partir de las partes y que genere un sentido visual  y unitario es parte de lo que yo busco como escultor”.

De ahí que no tiene un estilo definido, “de aquí me repito hasta el infinito y ya tengo un estilo. Yo le comentaba al Mtro. Federico Silva en su casa, le decía esa preocupación personal de que si debe de tener uno un estilo definido, y él realmente me dijo que el mundo del artista es como un manantial que esta dentro de uno mismo y tienes que hacer es dejarlo que fluya hasta que llegue. De ahí que esta libertad de ser tu mismo y hasta donde llegue me pareció muy fantástico, porque no creo que haya que adecuarse a un estilo y repetirse, porque eso es un síntoma de un comercio de la obra, cuando una obra tiene un mercado y les gusto las manzanas verdes, nunca voy a entender que es una manzana roja o un plátano a lo mejor morado. Esta libertad creativa es fundamental en todo artista, si uno se estabiliza en una manera de ser porque el mercado ya lo acaricio a uno y se empieza a repetir, ahí se acabó la vida del artista, ya no hay creación”.

Para Olivera indicó que se tiene que educar al ojo, primero es observar las piezas sin buscar en ellas la sugerencia del título, ya que la libertad de lectura de las formas es un derecho como personas que ven una exposición, por lo que el imponer un significado le quita su misterio, “creo que la escultura, si algo tiene para mí, es un carisma de misterio implícito que yo no quisiera descifrarlo”.

Este Devenir de la Forma estará expuesta hasta el 16 de Junio, en las salas Eduardo Chillida y Guillermo Ruiz, del Museo Federico Silva. Escultura Contemporánea.

Pablo Olivera es originario de la Ciudad de México, actualmente radica en Tlaxcala, en San Pedro Muñoztla, localidad de Chiautempan, donde tiene su estudio.  Es egresado de la Escuela Nacional de Pintura y Escultura “La Esmeralda” del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Algunas de las exposiciones colectivas e individuales en su trayectoria: en 1987, Centro Cultural Reyes Heroles, Coyoacán, CDMX; en 1989, Instituto Mexicano del Cemento y el Concreto, en la CDMX; 1994, Edificio Radio Centro, en la CDMX, Palacio de la Cultura de Tlaxcala, el Hotel Mandarin en CDMX, y el Hotel Calinda, en Tlaxcala; en 2001, Colegio Sor Juana, Tlaxcala; 2002, 4 señoríos, Tizatlán, Tlaxcala; 2004, Lomas de Angelópolis en Puebla; 2005, Jardín botánico, Tlaxcala, Centro expositor, Tlaxcala; 2008. Proyecto Atlamaya, CDMX.
Además, ha obtenido algunas becas como la otorgada por el Maestro Fernando Gamboa en 1986, en 1989 otorgada por CONACULTA, en 1996 Beca de producción y residencia otorgada por el Centro de Estudios de Johnson, Vermont, EUA. Co inversión cultural FONCA en 2002 otorgada por el Consejo de Cultura, Tlaxcala.