La Capilla Sixtina de América

La evangelización a través del arte

 

     1739 El bajío mexicano era un oasis de aguas termales y abundancia de órdenes religiosas, los indios chichimecas jonaz habitantes originarios del área, habían sido sometidos por la corona española través de sus curas evangelizadores, tan solo en la totalidad de lo que hoy es el municipio y la ciudad de San Miguel Allende, Guanajuato se habían construido sobre sitios sagrados indígenas 100 templos en esos años.

La denominada “Capilla Sixtina de América” localizada en la población de Atotonilco dentro del complejo religiosos católico, llamado Santuario de Jesús Nazareno que además es una réplica del calvario cristiano  en Israel fue declarado patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO junto a la ciudad de San Miguel de Allende en 2008 debido a su importancia histórica y su aportación al arte barroco mexicano.

Más tarde ya se habían edificado alrededor de 500 templos cristianos que fueron construidos sobre pirámides y centros ceremoniales sagrados indígenas, en los llamados atrios de las iglesias los nativos eran domesticados, engañados para evangelizados.

Confundidos eran sacrificados mentalmente en los altares adorando a la cruz de los conquistadores, la guerra entre Quetzalcóatl y Jesús el Cristo había aparentemente terminado, sin embargo cuatro siglos después los movimientos de nueva mexicanidad, aún desafían a la fe católica e una batalla espiritual sin concesiones en tanto los indios son marginados por la sociedad y el gobierno mexicano en pleno siglo XX, en el estado de Guanajuato.

Esta obra de arte fue pintada a semejanza de la capilla en el cónclave del Vaticano que se erigió en honor al Papa Pío IV  entre 1473- 1481 en Roma Italia, de ahí su nombre, empero aquí los artistas no fueron los grandes pintores masters del arte renacentista  como Sandro Botticelli, Cosimo Rosselli, o Luca Signorelli, sino jóvenes chichimecas convertidos en artistas pintores  dirigidos por el artista mulato Miguel Antonio Martínez de Pocasangre.

La capilla está bellamente pintada con gran maestría natural representando pasajes claves del drama cristiano, el calvario, la crucifixión, resurrección y juicio final, de hecho era una casa de “Ejercicios espirituales” para poner en práctica la obra filosófica de San Ignacio de Loyola,  ex militar y religioso español y fundador de la orden de la Compañía de Jesús que desobedece al Papa durante la época de la contrarreforma en la Europa católica.

La construcción de la llamada “Capilla sixtina de América” inició a principios del siglo XVIII bajo la supervisión del sacerdote Luis Felipe Neri de Alfaro que en una aberración espiritual totalitaria, que a pesar de ello beneficio a la sincronía entre el arte americano y europeo, viéndolo sin fanatismos, ordenó se edificara idéntica a la capilla del Santo Sepulcro en Jerusalem.

La capilla está compuesta por una nave principal, siete capillas anexas, sacristía y seis camarines, bellamente decorados por la mano y sensibilidad del indio ya sometido y convertido por los invasores extranjeros, hay murales, esculturas y pinturas al óleo, no hay espacio entre tanta imagen, todo lo opuesto al arte japonés por el ejemplo, que busca la austeridad y vacuidad