Marcela es una mujer incómoda, imperfecta, independiente, inconforme, deseosa de aprender y de conocerse a sí misma; que viaja sola a París y a Nueva York, que no se calla, que abraza lo contradictorio y se sale de los estándares establecidos.

Así es, como su autora, la protagonista de La única, la primera novela de Guadalupe Marín Preciado, Lupe Marín (1895-1981), publicada en 1938, que fue “condenada al silencio y al olvido porque deja mal parados a los intelectuales de la época”, afirma Anaclara Muro (1989).

La autora del prólogo a la nueva edición de La única, que la UNAM rescata en su serie Vindictas, explica en entrevista que esta historia “divertidísima, ágil, coloquial y ocurrente” no tuvo oportunidad de trascender porque fue descalificada de antemano por personajes como el poeta José Juan Tablada, quien la calificó de “repugnante e indiscreta” y la definió como “un chiquihuite de ropa sucia”.

Esposa del pintor Diego Rivera de 1922 a 1928, con quien tuvo dos hijas, Guadalupe y Ruth Rivera Marín, y también del poeta Jorge Cuesta, con el que vivió una relación tormentosa de tres años y se separó en 1932, Lupe Marín nutrió con sus vivencias su mirada de escritora.

“Marín se volvió una infiltrada en la élite posrevolucionaria y se codeó con algunos de los artistas más respetados; sin embargo, demostró en sus dos novelas que no los idealizaba ni pedía su aprobación, sino que buscó construir una manera propia de expresarse y gestionar su vida”, agrega.

Para la egresada de Letras Hispánicas de la UNAM, la modelo de varias obras de Rivera, Frida Kahlo y Juan Soriano era también una escritora completa, pues en 1941 publicó su segunda novela, Un día patrio.

“Si se sentó a escribir dos novelas absolutamente novedosas para la literatura mexicana, cada una con un universo propio que se expresa a través de un trabajo del lenguaje; entonces, podemos decir, sin ningún reparo, que era una escritora”, aclara.

La narradora michoacana dice que La única,  un retrato de la vida cultural del México de los años 20 desde la mirada femenina, “tiene su encanto en lo cotidiano, en las pláticas y los razonamientos sobre lo que observa y siente Marcela, su protagonista, quien defiende constantemente su libertad”.

La autora de No ser la Power Ranger Rosa y Princesas para armar confiesa que “lo que me gustó mucho de este personaje es que abraza lo contradictorio, dice que es válido que las personas cambien de opinión, piensa de manera diferente, busca otras opciones y prioriza lo humano en las personas”.

Anaclara Muro agrega que “es un poco ridículo” que la novela se descontinuara por criticar a Cuesta, pues él no está en el centro de la trama.

“Gran parte del tiempo narra el viaje de ella a París, donde conoce a muchos artistas y escritores. Ahí tiene experiencias que le ayudan a conocerse y a entender que lo que realmente quiere es escribir, leer y estudiar”.

La especialista destaca que el personaje de Lupe Marín acepta su ignorancia para aprender. “Le da la vuelta a esto a través del sentido del humor. La crítica que le hace José Juan Tablada, se la hacen muchos personajes a la protagonista: cómo habla, su falta de conocimiento, pero ella se burla de esto.

“Desacraliza a esas figuras muy alzadas. Dice que estos señores se creen importantes, pero que son malas personas. Rescata el lado humano. Se salta las jerarquías del mundo cultural, cuestiona los valores que lo definen. Se burla de los artistas que quieren ser comunistas, pero al mismo tiempo les importa el nombramiento, la felicitación. No hay final feliz, todo recae en una conclusión personal”, detalla.

Lupe Marín se casó con Jorge Cuesta en 1929; se separaron en 1932.

Muro considera que es vital reeditar también la otra obra de Marín,  Un día patrio.

La segunda novela de Lupe evidencia que tenía la disciplina de una escritora, la intención de desarrollar su oficio. Está más estructurada. Narra la amistad entre un pintor y un médico y cómo ellos se relacionan con las mujeres. Hay un asesinato y una violación”.

Dice que sólo se conocen esos dos títulos de Marín. “No sé si ya no siguió escribiendo o simplemente sus textos no se publicaron”.