Información de: Mariel Sánchez

Los próximos Jueves, Viernes y Sábado Santos, los Voladores de Tamaletom volverán a maravillar a turistas y habitantes que deseen ver su ritual ancestral, uno de los más emblemáticos de la zona Huasteca.

Las autoridades informaron que el descenso de los Voladores podrá admirarse a las 12:00, 13:00 y 14:00 horas, además de disfrutar de muestra gastronómica, artesanías, medicina tradicional y conocer el museo de Tamaletom, localidad ubicada a siete kilómetros de la cabecera municipal de Tancanhuitz.

El sitio está rodeado de cedro, chaca, framboyán -flores color rojo coral-, así como jacarandas -flores color lila- y los capullos del palo de rosa que dibujan coloridos tapices en los suelos que contrastan con el verde intenso de la vegetación. También hay frutales como mango, aguacate, chico zapote, entre otros, de donde se alimenta la fauna silvestre como el jabalí, los tlacuaches, el conejo y las ardillas.

Aquí surgieron los primeros voladores del país, según investigaciones, porque el ritual permanece desde el año 600 a.C. y se conforman por cinco hombres originarios de la misma localidad ataviados de un traje de manta color blanco, con una banda que cruza el tronco de sus cuerpos, un tocado en su cabeza que simula una corona adornada con plumas de animales como los gavilanes y están descalzos. Acompañados de notas de música autóctona tocada por una flauta elaborada con carrizo y un pequeño tambor de madera con piel, honran a través de sus danzas al Dios del Maíz identificado como Dhipaak, para la supervivencia de Kiichaa El Gran Señor Sol y también ofrendan a Miim T’sa baal, la Madre Tierra.

RITUAL DE LA DANZA

El ritual de la Danza del Gavilán inicia a partir del corte del árbol sagrado “palo volantín” que debe medir al menos 15 metros de altura y mientras suena la música, comienzan a talarlo, para posteriormente enterrarlo en una planicie y sujetarlo con estacas en dirección a los cuatro puntos cardinales.

Los voladores escalan este tronco fijo al suelo sin ninguna protección y al llegar al punto más alto, toman asiento en cada esquina de un cuadro de madera que puede girar sobre el palo. De cada esquina pende una soga que se amarran cuatro de los voladores en lo individual y el quinto, queda al centro en la punta del mástil. Acto seguido queman copal, dan sorbos a una botella de aguardiente y lo escupen al aire, en sentido de los cuatro puntos cardinales. Al final este ritual, abajo, sus auxiliares tocan la flauta y el tambor y mientras ello sucede, los voladores se lanzan de espaldas al vacío, emulando el vuelo del gavilán. La bajada es cuestión de segundos, mientras los espectadores contienen la respiración, pero los voladores no son improvisados, atraviesan un proceso de aprendizaje y cuando dejan de ser ayudantes, pasan a formar parte del grupo que surca los aires, lo que significa un honor para sus familias. A través de los años, las reglas han cambiado, ante la insistencia de las mujeres de las comunidades tének, que han pedido formar parte del mismo, lo que es sometido a consideración del grupo. Hoy existe una dama entre sus filas.

ARQUEÓLOGO AL RESCATE.

La ceremonia había casi desaparecido hasta que el arqueólogo francés Guy Stresser-Péan (1913-2009), arribó a la Huasteca Potosina entre los años 1937 y 1940 e insistió con los ancianos de la región una demostración de lo que había escuchado. Cuentan que los voladores concedieron la solicitud y a tal grado quedó impresionado, que estudió el ritual y lo dejó plasmado como una tradición que hacían los huastecos potosinos, así como los pueblos totonacos y tepehuas de Veracruz, los nahuas de Hidalgo, los nahuas y hñahñus de Puebla, los mayas quiches de Guatemala y los pipiles de Nicaragua.

Todo está contenido en el libro de la autoría del francés, La Danza del Volador entre los Indios de México y América Central, publicado hace más de medio siglo. Debido a las guerras y enfrentamientos de los pueblos originarios, algunos voladores huastecos se vieron en la necesidad de emigrar a Veracruz, a donde se llevaron este ritual y fue como quedó asentado en el estado vecino. Los Voladores de Tamaletom son una de las expresiones artísticas más importantes de la cultura tének y quedaron declarados como Patrimonio Cultural Intangible del Estado de San Luis Potosí en 2017, ante la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO).

Fuente: Quadrantin SLP