Sin ser fan de la serie original y casi contra mi voluntad, me aventuré a ver la nueva versión de los Power Rangers dirigida por Dean Israelite y vaya sorpresa la que me llevé. 

Viernes por la mañana, la pregunta surge ¿Qué veré hoy en el cine?, me hago güey, pues la respuesta es obvia, no lo acepto. Me resigno. Power Rangers.

No me encanta ir al cine y tener que ver por segunda semana consecutiva un “clásico” de hace 20 años, un “clásico” que en su momento fue chafa (lo siento fans, pero lo era), me tiene cansado. Pero, chamba es chamba y a las 14:00 hrs ya estaba ahí formado en la dulceria de un cine rojo para comprar boletos (sí, bien chafa te venden boletos en dulceria), todo para que salieran con su babosada de “es que nos equivocamos en la plataforma online, no llegó subtitulada”. Ni modo, a buscar otro cine, el compromiso estaba pactado.

La película comenzó con un equipo de Rangers muertos, que dejan su legado en unas piedras esperando que sean encontradas por aquellos que sean dignos (sí, como THOR). Esto da paso a un tipo que aparentemente acaba de masturbar a un toro robado y a una secuencia en un coche hurtado por el galán y la promesa del fútbol americano en el pequeño pueblo de Angel Grove. Esta secuencia filmada desde un punto de vista fresco e interesante, ¿Me equivoqué de sala? ¿Eso era Power Rangers? Acto seguido, la postal de una escuela en fin de semana, los chicos llegan a detención, algo que nos remite casi de inmediato al 24 de marzo del año 1984, una referencia que en lo personal me parece simpática, no forzada. Un chico de color con un ligero autismo que sufre bullying. Una chica popular que tiene problemas por compartir las “nudes” de su ex en toda la escuela. Una chica latina introvertida, que encuentra la paz en la estridente comunión de instrumentos musicales con distorsión y una voz llena de rabia que grita sin cesar.  Por último, un joven asiático hiperactivo que gusta de ver a la chica latina meditar en silencio en lo más alto de un cerro.

Estos cinco chicos encontrarán unas piedras que les dará poderes, pero no, eso no importa, lo que importa es que eso les da responsabilidades.

¿Seguros que esos eran los Power Rangers? ¿Esos no eran sólo para tipos en spandex de colores que aventaban chispas?

A este punto yo ya estaba más que interesado en la película, pues el mundo en el que estaban era el mismo en el que yo vivía, los problemas son los mismos que muchos de mis conocidos tiene, lo mejor, no era un mundo fácil para los personajes, no era un mundo donde fueran capaces ni de socializar, su primer encuentro es áspero, tosco y bastante incómodo.

¿Nostalgia? Realmente es que no. La película busca explorar a cinco adolescentes que están aprendiendo a ganarse las cosas, a sacrificar el ego para convertirse en héroes.

La villana de la cinta es Rita Repulsa (maravillosa Elizabeth Banks), quién está convencida que los jóvenes no tienen madera de héroe, individualistas e incapaces de matar al ego.

La película encuentra su justificación cuando aquél que alguna vez fue el galán y promesa, expone a sus compañeros su frustración por no cumplir las expectativas, por no ser perfecto. Cuando el chico autista les habla sobre el gran vacío que jamás podrá llenar, la ausencia de la figura paterna, la constante sensación de no pertenecer a ningún lado. Cuando la chica popular les expone su necesidad de siempre querer llamar la atención, de no ser sólo un adorno, de ser vista como mujer, como humana. Cuando la chica latina les expone lo que es no sentirse nunca en casa, cuando su sexualidad se vuelve un problema para aquellos que se dicen su familia. Cuando el asiático hiperactivo les expone el constante miedo de vivir a la espera de la muerte, quien se llevará lo último que le queda en el mundo, su madre.  

Cuando ellos se hacen amigos.

Los héroes son dignos, los trajes llegan, los zords, las armas, la amistad. Los héroes que en los 90’s fueron gloriosos entre la juventud por sus peleas, ahora se consagran como ejemplos de cómo revivir un clásico de los 90’s y darle sentido, de no sólo reciclar un concepto o una historia, eso es algo que se agradece. El director de la cinta Dean Israelite comprende lo que es hacer cine, no, no hizo una obra maestra, pero tuvo la decencia de contar una historia a través de la imagen, muchas de las cosas que dice no son con los diálogos, se dan a entender de manera sútil, como aquella escena post créditos en la que se da una breve introducción a algo que está por venir. Aunque claro, hay otras no tan sutiles, como aquella escena en la que el enorme e imponente mega zord aplasta y deshace por completo un Chevrolet Camaro amarillo con franjas negras y ni hablar de Rita comiendo en Krispy Kreme, estas dos últimas escenas me parecieron brillantes sátiras y burlas a la descarada publicidad en las películas y un “quítate que ahí te voy” a cierta franquicia moribunda.

No saben la cantidad de vueltas que le he dado en la cabeza a esta película, demasiadas, me han hecho incluso cuestionarme si de verdad era una cinta de los Power Rangers. Por primera vez en mucho tiempo, decidí leer comentarios en internet sobre la película, fue muy extraño, eran de odio, de ira, fans de la serie original enardecidos contra una película que argumentaban, NO HABÍA REVIVIDO LA NOSTALGÍA NOVENTERA.

Sí la película no es perfecta, tiene sus carencias, pero no revivir la nostalgia es suficiente para considerarla como “mala”, ¿Qué punto tiene el cine entonces? ¿Reciclar historias y conceptos? ¿Ser un espejo reflector para la nostalgia? o ¿exponer personajes frescos e interesantes?

Viernes por la noche, la pregunta surge ¿Me gustó la película?, me hago güey, pues la respuesta es obvia, sí. Me gustó Power Rangers.

 

Nos leemos en la siguiente

Aldo Patlán