Confesiones de un Chaman Huichol

   Hombre moreno delgado, paliacate rojo de mirada oscura, sombrero emplumado, todos los mitos, las leyendas, las anécdotas están recogidas en sus ojos brillantes y humildes, hoy es el abuelo guardián del fuego, el Marakame del viaje infinito al Tepoxca o pregrinacion del hikuri o peyote a Wirikuta, a los cuatro rumbos del universo, cura o hace enfermar, me conecta con su mirada aguda accediendo a hablarme de la doctrina secreta de los Wirrarikas antes de una ceremonia de sanación en la ribera del Lago de Chapala.

Don Ascensión, quien me insta a ponerme el nuevo traje. el “cuarri” (camisa) y la “Turra” (capa) de su hijo Francisco, viene de una latitud espiritual extrema, de una comunidad más allá de la barranca en el Nayar, estado de la gran nación Wixarika, es abuelo Tatewari, es la mazorca del hikuri, que barre y purifica con plumas de äguila y copal, para proteger a los hermanos wirrarikas del hombre del mundo exterior. Aunque veo en su actitud serena una fascinación por ser entrevistado, incluso me enseña como se dicen algunos animales en wirrarika Graza es “Cuaju”, Colibri es “Cúntuch” o bien “Tsitui” pájaro azul.

Impregnado con los efectos de la carne del venado azul, lo veo mirar al horizonte, buscando a “tatakauma” al espíritu cristalizado, siento de golpe la fuerza de su amor venusino incondicional por la naturaleza y todos sus seres, la fuerza de su mirada me trapaza hasta el horizonte, cuando habla misteriosamente, entremezclando dialecto con español, los gallos cantan, los perros ladran en una zona muerta del tiempo, siento un frió viento sanador que baja a escucharlo desde las montañas de la Sierra Madre Oriental.

Guardian del absoluto, el Chaman Huichol, así llamado por el vulgo incrédulo, dicen que los Wixarikas son viajeros, curanderos y artesanos excelsos, que los mas avezados se  pueden nagualizan en sus hermanos animales como símbolo sagrado de su propia existencia, me lo dicta de viva voz   que allá en San Andres Chamiata “Tateikei”, unos  “abuelos fieras” le enseñaron a ir a cazar ganado, de noche junto con una manada de lobos que habitan en un lugar secreto en la cuarta dimensión  llamado “La casa de los Lobos” en la sierra alta.

Regresaban temprano bañados en sangre con muslos, partes de Vaca para almorzar, no es un mito, cuando un Chaman se transforma semejanza de un lobo, cuando este muere, los lobos van hasta su tumba a quitarle su Mayé (corazón). Le insisto platique mas sobre este proceso de nahualizacion. Se sabe de una joven y hermosa mujer huichola que fue secuestrada por un osos negro allá en lo mas profundo de la sierra y cohabito con ella como si fuera su esposa, al tiempo ella  volvió a la comunidad con poderes de  mutación innombrables.

Sus historias me están indicando algo misterioso, extraordinario y mágico, ser Marakame nos es fácil, hay que vencer las tentaciones del sexo, del dinero, del poder mundano, si se falla advierte es la muerte en vida, desaparece toda dignidad, la humillación de haber fracasado en el vicio del alcohol, es tal que hasta los mismos lobos van a orinar al chaman borracho en signo de desprecio, como preludio a la desaparición física, a los chamanes que fallan los devoran los jaguares del destino.

El anciano prepara todos los elementos para el ritual, en su mente están los cuatro puntos sagrados para los wirrarikas, a donde él iba desde niño a pie, no había carreteras, atravesaban las montañas día y noche, solo así se aprende a atraer a los espíritus sanadores, bajo la lluvia y la tormenta, hay que pasar puertas energéticas, caminando por meses hasta llegar a Bernalejo, Real de Catorce San Luis Potosí.

Las estrellas han aparecido, atraídas por la luminosidad del Marakame que enciende por fin el Fuego “Tatewari”, en su mente siempre están pasando imágenes, me dice ya en confianza: sacrificios de toros y corderos, cruces en el desierto llamadas Tzicuri (Ojos de dios), la tierra que se come del sacrificio de la sangre, flores del desierto (peyote) en grandes extensiones, escenas de “Hikuris Neira” (fiesta del peyote) de años pasados: “Todo pasa a diario paralelamente por mi cabeza como si fuera en televisión”, apunta, ante mi mirada atónita (las lenguas del naciente fuego activan la mezcalina en mi ser y me atrapa haciéndome ver las agradables visiones).

Maxa Katewua, Venado sin nombre, la tierra esta hambrienta, hay que fertilizar y protegerla, y el abuelo toma su Xaweri (violín), su hijo  el Kanari (guitarra), la luminosidad cede ante la oscuridad, la fiesta quieta ha comenzado, hay una cierta y profundidad en esta melodía, son sonidos que peregrinan hasta lo mas profundo en el corazón para lavarlo, experimento una especia de alucinación muy tierna, muy dulce, entre la expectación realizo que la ceremonia ha comenzado.