altar de muertosCONMEMORACIÓN DEL DÍA DE MUERTOS

        La conmemoración del día de muertos tiene una característica muy particular: los altares de muertos,  que son expresiones artísticas que  tienen un valor ritual.

Un altar de muertos es la forma en la cual se recuerda al difunto. En algunos lugares la fiesta se remonta hasta el 29 de septiembre.

La ofrenda del día de muertos sin calavera no es tal. Y es aquí cuando entra la calavera de azúcar que es decorada con papel metalizado y el nombre del difunto  al que se va a poner en este altar. En el altar de muertos vamos a tener calaveras grandes que representan al padre eterno, la calavera mediana que representa a la muerte y las calaveras chicas que representan a la santísima trinidad.

La catrina tiene su origen en los grabados de José Guadalupe Posada (Aguascalientes, 1852 – Ciudad de México 1913) pintor y caricaturista mexicano, famoso por sus litografías con escenas de muerte, estampas populares y caricaturas sociales, inspiradas en el folclore; que se ha convertido en esa lejana imagen de la muerte que nos llama y hacia la cual vamos. Nos identificamos entonces con la calavera (catrina) como si fuera parte de la identidad nacional. José Guadalupe Posada crea la imagen de la catrina, la cual trasciende en el arte cuando la retoma Diego Rivera.

En la huasteca potosina, se dice que es el día en que los difuntos salen del cielo y el día 10 de noviembre es cuando se van las almas.

En Mixquic (Ciudad de México) se festeja desde el 27 de octubre que es cuando se limpian las casas y el 28  llegan las almas que están en el limbo. El 30 se monta la ofrenda en los altares y el 31 llegan los angelitos que son el alma de los niños difuntos.  El 1 de noviembre los angelitos disfrutan del desayuno y se marchan a las 12:00 horas para dejar lugar a la fiesta de los muertos grandes.  El 2 de noviembre se adornan las tumbas y el 3 de noviembre los amigos son invitados a levantar el muerto, o sea a consumir las ofrendas.

La fiesta desde la perspectiva cristiana se inicia en el siglo X, XI con Odilon de Cluny (clérigo en el seminario de San Julián en Brioude) que ordena que se recuerde a los fieles difuntos, pero en el siglo XIX es cuando adquiere sus rasgos más característicos.