El torturador del diablo

San Luis Potosí, S.L.P.

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“Cuentos de terror… para dormir tranquilo”

El torturador del diablo:      

Cuando lo conocí, él tendría poco más de 40 o 45  años, aunque aparentaba uno 60 años, la bebida, el cigarro y una vida llena de brillantes pero azarosos recuerdos, me hacen pensar que tal vez su juicio ya se había extraviado en la enorme y agreste belleza del semi-desierto Potosino.

“El gringo” o “El Chicago”, era su nombre de batalla, otorgado tal vez en alguna borrachera en compañía de otros “Catorceños”… No era pendenciero, pero se ponía muy “intenso” cuando tomaba, por eso muchos le sacaban la vuelta, otros tal vez porque le gustaba hablar de “Pushkin”, de “Gógol”, de “Chejov” y otros escritores rusos que había leído, me contó después, cuando según él, estuvo prisionero en el “Gulag” Siberiano.

Sucedió que me encontraba trabajando en Estación 14, una comunidad del Municipio de Real de 14,  en el desierto Potosino. Y una tarde después de haber concluido mis labores, habiendo degustado una excelente comida en la fonda de Doña Margarita,  me encaminé al Hotel Altiplano, lugar donde me hospedaba de costumbre… “El Chicago” me vio llegar, saludó en su mocho español, al tiempo que en la mano sostenía un vaso de vidrio con licor.

-“Buenas” tardes… ¿Cómo le va maestro?- me dijo mientras daba un sorbo a su bebida.

-Uhmm, bien aquí llegando… ¿Me conoce? Conteste un poco intrigado e inquieto por la apariencia un tanto estrafalaria de mi interlocutor.

-¡My name es “Billy”… así me llamo, ahí enfrente vivo!- 

Dijo señalando una vieja casa enfrente de la recepción del Hotel, que en sus mejores tiempos, había sido una enorme fábrica de “Guayule” (una especie de resina vegetal que se exportaba a los estados unidos)

-¿Gusta un trago maestro?- me ofreció de su vaso, en tanto el dueño del Hotel saliendo al paso en ese momento le reconvino.

-¡Billy…no moleste al maestro, el viene de su trabajo-

-No, no es molestia señor- Me apresure a contestar, luego le dirigí al gringo….

 -¡Gracias amigo, ahora no tomo, gracias!-

Y me encaminé hacia mi habitación atravesando el enorme jardín con mi maleta al hombro, mientras pensaba en lo extraño de ese encuentro, aunque también era obvio que en una comunidad pequeña como esa, toda novedad era del dominio público y yo desde un par de semanas antes supongo,  lo fui por mi llegada a trabajar en la escuela.

Desde la ventana de mi habitación en el hotel alcanzaba a ver todo el enorme jardín, en una mesa de plástico y unas sillas, veía como “Billy” cabeceaba con la mirada extraviada en el horizonte…

-Que buena “peda” se trae este gringo-

Pensé ya un tanto acostumbrado a ver pasar en ese hotel, a numerosos viajeros extranjeros que utilizaban ese refugio para descansar de sus travesías por el desierto… dejé de prestarle atención y me puse a escribir sobre un texto dramático que estábamos por iniciar con mis alumnos. Un par de horas más tarde me dispuse a salir, serían las 6 o 7 de la tarde, al pasar por el jardín allí estaba el gringo… me miro y nuevamente me ofreció un trago.

Creí conveniente aceptar solo por cortesía, ya saben que uno no puede hacer menos a las personas de las comunidades porque algunas se ofenden, ¿gringo o no?,  acepté el trago.

Él me ofreció sentarme a la mesa, y busco algo en que ofrecerme de la botella que a mi modo de ver parecía brandy o algo parecido por el color ambarino que se dejaba ver en el vaso de cristal, sacó un vaso más debajo de la mesa, lo miró y se puso de pie enseguida con rumbo a una toma de agua que estaba a unos pasos… por su forma de caminar deduje que estaba más ebrio que al principio, sin embargo, diligente enjuago el vaso y me ofreció un poco de aquel licor.

-Gracias, salud-  le dije al tiempo que chocaba el vaso.

El gringo apuro de un buen trago la mitad del contenido del vaso.

-Salud maestro, ¿Así que viene “a usted” a enseñarles el teatro a los muchachos de Estación 14?- 

No me quedaban dudas este gringo era un metiche o bien sabía todo cuanto pasaba en el pequeño poblado de estación… lo miré un tanto desconfiado y añadí.

-Bueno sí un poco, tengo un par de semanas ya por acá y veremos qué podemos hacer-

Bebí el primer trago y la de verdad me sorprendió el sabor agradable de la bebida a pesar del calor que por momentos, se dejaba sentir en el medio de la tarde, el gringo se dio cuenta y se apresuró a comentar.

-Es brandy “presidente” Maestro- me dijo, -Lo compré en la tienda, allá abajo… ¿Conoces?

-Bueno sí… un poco,  esta buena su copa amigo…salud-  Y apure otro trago para dar por terminada la conversación…

-¿Conoces a Pushkin… a… Chejov…?-  Me lanzó al vuelo la pregunta. Un tanto sorprendido alcancé a responder…

-¡Chejov… sí claro cómo no, un gran escritor ruso de teatro, conozco algo de su obra…de Pushkin, no recuerdo mucho… es poeta, No?-

Le contesté al tiempo que miraba cómo se le encendía la mirada antes pérdida en los humos del alcohol.

-¡Maestro! – me dijo  -¿Tienes algo de tiempo…podemos platicar algo acerca de eso, puedes “amigouu”?-

Bueno debo decir que los dos tragos de brandy me cayeron de maravilla, tal vez porque era un licor viejo y el estar en la botella le había dado un sabor especial, tal vez porque la magia del desierto estaba confabulando para el encuentro con ese extraño personaje… ¿Cómo saberlo?

-¡Esta bien… platiquemos un poco!-

Pensaba  yo, mientras calculaba que la botella que tenía estaba por acabarse y no habría más pretexto para seguir en la cortesía de platicar con el “gringo loco” cómo después supe también le decían a manera de burla. Él se acomodó en su silla y sin dejar de mover el vaso sobre la mesa me contó.

-Conocí a gente importante alguna vez que estuve en Rusia… Chejov, Pushkin, Gógol, Dostoyevski ,  y algunos otros…-

Me dijo esto último,  mientras apagaba los resabios de un cigarrillo en una lata de atún colmada de colillas de cigarro.

-¿Pero cómo si ya están muertos? Todos esos personajes son del el siglo pasado!-

Le pregunté sin dejar notar un poco mi risa, un tanto divertido por la ocurrencia… él se acomodó un viejo sombrero y pasó los dedos sobre la melena canosa e hirsuta que le caía casi hasta los hombros… 

-¡No, no…!  Discúlpame maestro… ¡No vivos, los conozco, in my, books… en los libros que leía cuando estuve allá…! Trabajé mucho tiempo para el gobierno de mi País, ahora soy jubilado… vivo aquí desde hace un año… pero cada mes voy a Matehuala por mi “Money Order”, con eso vivo aquí tranquilo en el desierto… ¿Gustas otro más de brandy?- 

El gringo se sirvió un medio vaso más de licor y se dio cuenta que ya no quedaba mucho en la botella…

 -Oh shit… perdón me… disculpe maestro, deja voy por otro más de  vino-

-¡No, no! Espera…realmente ahora tengo que ir al pueblo…regreso más tarde y si anda por aquí, igual y podemos conversar-

Le contesté al tiempo que me levantaba de la mesa, él se sintió apenado por lo incomodo que parecía la situación y luego tomando aire exclamó.

-¡Mira, aún queda un poco, deja te sirvo el resto, es la última!  Y además… este hotel está solo desde hace varios días, es temprano y no hay mucho con quien platicar… ¿No te molesta si te sirvo lo que queda?-

Y se apresuró a servir en mi vaso el resto de licor… bebí nuevamente y cada vez le encontraba más sabor al licor que me ofreció.

-Esta bueno este brandy- le comenté. -¿O será porque ya tiene mucho tiempo aquí guardado? Por cierto me llamo Marcos-

El gringo me extendió cordialmente la mano… nos saludamos y percibí que tampoco era su intención retenerme, ni menos obligarme a beber si yo no estaba a gusto.

-Bueno pues un gusto Marcos, espero que podamos platicar al regreso… ¡Salud!-

 Y apuramos el contenido de nuestros vasos… 

– Espero que tu obra vaya muy bien… ¿Cuándo se presentan?-

-¡La semana que entra seguramente! Gracias por el trago y espero nos acompañes al estreno de la obra, será allá en el salón ese grande que está en la plaza- 

Me levanté de la mesa, coloqué mi vaso, nos despedimos levantando los pulgares y me dispuse a salir momentos después,  en mi auto pensaba en lo que me preguntaba sobre los autores rusos y deduje que el gringo no era mala persona, tal vez un poco extraño por su apariencia, pero… ¿Cuántos mochileros y buscadores del peyote mexicanos y extranjeros no había visto ya,  casi en las mismas condiciones… el sabor del brandy aun me quemaba el aliento y decidido me dirigí a la tienda de abarrotes donde supe que vendían vinos y licores, compré las últimas dos “pachitas de un cuarto y una botella de tres cuartos y las guardé en mi mochila, pensando que esa noche,  en la soledad de mi habitación o el enorme jardín trasero del hotel,  podía degustar unos tragos mientras contemplaba la maravilla del cielo nocturno en el desierto.

Al día siguiente, cuando me levanté después de una agradable noche, mientras escribía en la soledad de mi habitación,  donde bebí  poco más de una “pacha”, recordé que aún quedaba la botella de brandy y pensé en compartirla con el gringo loco del día anterior… En realidad no tenía ya nada que hacer y deduje que el gringo andaría por allí… pregunté al administrador del hotel y amablemente me comentó que “El Chicago” era un tipo extraño, muy bebedor aunque algunas veces lo obligaba a meterse a su casa para evitar que algún huésped se molestara o incomodara por la presencia del extraño personaje que a pesar de todo, pagaba puntualmente el alquiler de su habitación en las afueras del hotel… En efecto, el gringo estaba allí afuera sentado en una viga de madera, fumando y bebiendo como era su costumbre… me acerqué y lo salude.

-Buenos días… Billy, tengo un poco de brandy, si quieres podemos platicar un rato en lo que se acaba la botella- le dije.

Él me miró y sonrió entusiasmado… aunque enseguida se mostró apenado.

-¡Gracias maestrou! Si con todo gusto, solo que… ahora no puedo pasar al jardín… el administrador me dijo que están por llegar algunas personas y que no desea que se molesten…Si no te incomoda podemos beber unos tragos aquí afuera-

-Uhmm, bueno… está bien- le dije, mientras sacaba la botella de brandy de la mochila.

-Mira, aquí está, ayer por la noche que regresé creí que te encontraría nuevamente-

El gringo levantó los hombros y sonrió levemente dejando ver una hilera de dientes amarillentos y apolillados por el cigarrillo.

-No maestrou… me ganó la “mona” como dicen ¡Y  me la pase dormido!  Hace rato desperté, gracias, espera, deja sacó un vaso-

Abrió la puerta de su viejo cuartucho y al instante un “olor a petate quemado” me dio la certeza de que el gringo loco no solo bebía…

-¡Toma Marcos…este está limpio!-

Me ofreció un vaso de cristal cortado, un tanto viejo pero que de igual modo serviría al propósito de beber el resto de la botella de licor. Nos acomodamos a la sombra que daban unos enormes árboles en el estacionamiento del hotel, un tanto retirados de la recepción.

-Pushkin, es un gran poeta- me dijo mientras abría una cajilla de cigarros. Pero a mí la poesía y casi toda la literatura… bah, no significan nada ya para mí, solo es bloff… only shit… ¿Comprendes lo que digo?  Me  miró  al tiempo que me ofrecía un cigarrillo.

-Vamos mi amigo- le conteste,

 -No creo que deba expresarse de ese modo de un arte tan noble y tan relevante que ha cambiado el pensamiento de miles de personas en todo el mundo-

Luego entonces, más calmado  y después de beber un trago continuó hablando.

-Mi…es decir… ¡Yo, estuve en el “gulag”!  ¿Sabes qué es eso?- 

Me interrogo fijando su  mirada brillosa en el vaso al tiempo que su mente, viajaba en el pasado…

-Es cómo una prisión en Siberia o algo así ¿No?- le respondí mientras exhalaba el humo de mi cigarrillo.

-¡No lo sabrías…exactamente, pero es el infierno!  ¡Si existe el infierno…! ¡Seguro que  es allí, en ningún otro lado! –

Me contestó de tal forma que no había lugar para dudas…

-¿Y entonces… conociste al demonio, al diablo? Le lancé yo también la pregunta al vuelo… yo a la vez   un tanto divertido y un tanto curioso por ver que me contestaba.

-¡Claro Marcos, lo conocí tal cual, como ahora mismo te veo a ti, aquí sentado, fumando y bebiendo conmigo!-

-Debe ser un personaje interesante y aterrador a la vez ¿No?-

Afirmé un tanto por seguirle la corriente, otro tanto porque pensaba que tal vez sí estaba loco y decidí estar alerta por cualquier cambio repentino en su actitud…

-¡El diablo… Satanás! ¡Me pidió que le ayudará a soportar sus penas!  ¿Puedes creerlo Marcos?-

-¡Uhmmm, pues que diablo tan… cómo decirlo… tan humano te salio… Jajajaa!

¡Salud, por eso!-  Yo no sabía entonces si lo decía solo por tener tema de conversación o solo por provocarlo… él pareció darse cuenta.

-Mira, Marcos, yo puedo creeré que te parezca algo loco, pero lo que te digo es cierto… es más, mañana mismo, iré a visitarlo, es sábado último de mes, no sé si quieras ir conmigo, ¿Conoces el socavón de la Purísima? Allá por los Catorce… allí quedé de verlo nuevamente-

-Bueno sí, claro que conozco ese lugar, por allí pasan las “Willys” camino a Real de 14, ¿no?-

Le contestaba, aunque ahora ya no dejaba de mirarlo, atento a lo que me pudiera seguir diciendo.

-¡Marcos… mañana es sábado, en punto de las trece mil horas debo estar allí… el diablo me espera… ya son más de nueve meses que no faltó y podría molestarse… no es mala persona, te juro que no te haría daño,  si quieres, puedes pasearte por allí, es un lugar muy bonito…mientras yo cumplo con ese horrible trabajo… and this way… no puedo fallarle, it’s a one chance… que me mantiene con vida en este lugar ¿Comprendes?

-No mi amigo, yo creo que no tengo interés en ir contigo a ese lugar-

Le dije entonces un tanto molesto, porque enseguida pensé que el gringo loco, me lo decía tal vez con otras intenciones.

Apuré mi trago de vino y me dispuse a dejarlo con sus alucinaciones, había creído por un momento que la plática iría en torno a los rusos y sus aventuras como agente infiltrado o los autores que mencionaba, pero viendo que no era así, decidí dar por terminada la conversación.

-Gracias por la charla amigo… tengo cosas que hacer en el pueblo, ya platicaremos con calma tal vez otro día, ¡Salud… te dejó la botella amigo!

 Le dije en un tono serió para dejar en claro que ya no deseaba seguir conversando y me levanté del lugar.

El pareció no darse cuenta de mi cambio repentino de actitud y pensé que de verdad se sentía abochornado sin saber por qué motivo…aunque luego vehemente agregó.

-¡Espera Marcos, aún queda un par de tragos! No quise ofender, es que no sé cómo explicar…lo que te digo, pero es cierto… ¿Conoces a Pushkin?-

Yo hice un gesto de fastidio…como diciéndole con la actitud…

– ¡me vale madres!- 

Él lo notó enseguida… luego, el gringo loco, vació el resto de la botella en un viejo y despostillado pocillo de peltre y con voz pastosa soltó el siguiente texto… 

“En cautiverio oscuro y tenebroso
mis días en silencio se arrastraban,
sin la deidad y sin
la inspiración,
sin lágrimas, sin vida, sin amor…

 Exhaló una larga bocanada de humo y agregó:

-Este verso me acompañó durante meses, cuando estuve prisionero del soviet supremo. ¡Hacía un frío espantoso…! Que congelaba tu respiración cómo finas estalactitas que entraban por tu nariz hasta los pulmones-

Me dijo entonces y me mostró,  un viejo libro de pastas negras y títulos en inglés con poemas de autores rusos.

 –Este libro me acompañó en mis noches más amargas en medio de terrible soledad y aullidos espantosos de otros prisioneros en celdas pegadas a la mía… Las noches eran tan oscuras y duraban días, semanas enteras… los aullidos de mis compañeros de prisión retumbaban a distintas horas…era un verdadero infierno esperar el turno en que vendrían por ti para torturarte… o matarte…

¿Quién podría saber de ti en ese infierno? Y por más extranjero que fueras… ¿Cómo podrían saber de ti…? Allí perdí toda esperanza de salir con vida… de regresar a mi país…. Fue allí conocí al diablo… él me ayudó a regresar, a cambio tengo que ir cada mes a soltarle unos latigazos en él… ¿Cómo dicen ustedes?…ah sí… en el “lomo” para que se mantenga “apaciguado”… debo hacerlo porque de otro modo se molesta y se vuelve muy violento… y puede hacer grandes males a todo el mundo. Mira este es Pushkins, el diablo me lo regaló- 

Extendió su mano y me ofreció un libro.

En efecto, era un libro de pastas negras y símbolos extraños… muy viejo y con muchas de sus páginas manchadas como si hubiera estado expuesto a la humedad o la lluvia… Lo hojee un par de veces aunque no entendía salvo una que otra frase suelta…se lo devolví, bebí el último sorbo de vino, me despedí  entonces con amabilidad y me dispuse a irme de allí-

-Gracias Marcos… espero que algún día bebamos y platiquemos un poco más. claro si estás de acuerdo, acá no hay muchas personas con las cuales pueda un hacerlo sobre estos temas.

Si quieres dar el recorrido por el socavón,  te lo recomiendo, cuando tengas tiempo o cuando debas hacerlo, yo debo cumplir con mi encargo para poder seguir viviendo… el diablo no miente y no creo que me pueda soltar de ningún modo… buena suerte amigo, gracias por escucharme.-

Me alejé pensando en la locura del extraño personaje, finalmente solo trataba de buscar alguien con quien conversar de otras cosas, o tal vez solo deseaba compañía para no beber solo…

Poco más de  dos año después, tuve la oportunidad de ir de visita al socavón de la Purísima, aprovechando el tiempo que me quedaba después de haber cubierto mis horas de trabajo en la escuela, recuerdo muy bien que era un sábado último de mes y habíamos subido en una “Willys” algunos compañeros ocasionales de viaje,  entre ellos, un par de extranjeros que por su acento parecían belgas o daneses… dos hermosas españolas, muy hablantinas por cierto y tres regiomontanos, uno de ellos hacía las veces de intérprete. Llegamos al lugar y de inmediato recordé al gringo loco… y hasta entonces caí en la cuenta del sentido de sus palabras… “El torturador del diablo” 

 -Ah, por supuesto, ahora entiendo… el gringo venía a este lugar a “quemarle las patas al diablo”- 

-Jajajaja-  Reí para mis adentros pensando en las estúpidas conjeturas y prejuicios que me había formado… sentí un poco de pena por ello… pero ya era tarde para eso… Después de aquella ocasión, solo lo había vuelto a ver un par de veces, aunque siempre recuerdo que él “gringo loco”  estuvo en primera fila, muy bañado y arreglado por cierto, el día que estrenamos la obra en salón de eventos… y recuerdo sus acertados comentarios al final de la presentación del trabajo escénico que hicimos sobre la leyenda de la fundación de Real de 14. Esa noche hace poco más de dos años había sido la última vez que lo había visto.

Han pasado poco más de dos años, me encuentro circunstancialmente en el socavón. Y mientras recorro la mirada por las enormes ruinas donde habita una extraña sensación de tristeza y dolor producto del esfuerzo de innumerables trabajadores que dejaron la vida y el alma extrayendo el oro y la plata para los ricos explotadores como hasta ahora…

En medio de un vientecillo frío que deja escuchar de vez en cuando un lúgubre y gutural sonido… mis pasos me llevan hasta la entrada de la vieja mina abandonada… Nuestro guía se ha internado ya  con algunos visitantes y les explica de lo profundo, lo oscuro y peligroso que es este túnel… yo llevo mi lampara y camino un poco distante del grupo, porque de algún modo no quiero ser parte de esa retahíla de explicaciones.  Me concentro entonces en tratar de descubrir por mi cuenta algo interesante que observar o dar cuenta, en tanto en mi mente se forman imágenes del gringo loco fumando “mota”  a sus anchas en estos lugares… tenebrosos para muchos turistas poco habituados a contemplar la historia, la bonanza que cuentan estas paredes en ruinas y las entrañas de esta tierra mágica y llena de misterios…

La soledad y esa rara tristeza que resuma abandono es impresionante,  el silencio ahora,  parece ser una constante que invoca recuerdos de pronto, y de manera extraordinaria, la luz de mi lámpara alumbra una forma extraña en el suelo, algo que me llama la atención de inmediato… Inquieto, enfocó el haz de luz de mi lámpara, sobre la extraña forma y…

¡Es un libro viejo que sobresale entre el lodo y la humedad del túnel en la mina de la Purísima!  ¡Un escalofrío recorre mi espalda. Lo reconozco enseguida… ¡Es el viejo libro del gringo loco…!  Lo tomé y le sacudí un poco el lodo húmedo que escurría…mientras el resto del grupo salía apresurados,  casi atropellándose  y hablando en su idioma… las españolas entre aterradas y divertidas y uno de los regiomontanos más pálido que la cera…Pasaron junto a mí,  casi corriendo a riesgo de tropezarse entre las piedras y algunos montículos de lodo,  antes de alcanzar la entrada distante a poco más de 50 metros… donde solo se veía un claro de luz que parecía se extinguía, el guía me dijo. -¡Vámonos joven… que estos ya se me asustaron!-

Obedecí en automático mientras intentaba guardar en la mochila,  el viejo libro de pastas negras del gringo loco, ahora como desde ese día, aún resuenan en mi cabeza las palabras que entrecortadas y con voz cavernosa alcance a escuchar desde el fondo de la mina en el socavón  poco  antes de salir de allí… 

-¿Conoces a Pushkin?-

Muy impresionado… salí también apresuradamente y con tan mala fortuna que no supe donde guarde el libro… ¿O no lo guarde, o sería solo una alucinación?

Subí al Real, junto con los ocasionales compañeros de viaje en la Willis…el guía conducía hábilmente por ese peligroso camino de subida al Pueblo Mágico de Real de Catorce…

-No se asusten muchachos, ahí no pasa nada… solo que hay muchas leyendas y hasta reportajes de gente que ha visto la sombra de un hombre chasquear un látigo… pero nada de eso es cierto… No lo sabré yo que seguido entro a ese lugar…

No quise contradecirlo, ni yo mismo estaba seguro de lo que vi y sentí en mis manos, además el compañero regiomontano, seguía blanco como la cera… era el blanco de las bromas de los demás… que aunque alegres de pronto se quedaban en silencio o sería que  “mezcalito” les estaba cobrando la factura de un mal viaje… solo ellos lo sabrán… por mi parte pasé el resto del día en el Real, aunque no dejaba de pensar en lo sucedido y hasta creí de nuevo escuchar en mi cabeza, las palabras del” torturador del diablo”.

Al día siguiente antes de regresar a San Luis Potosí, pasé a Estación 14 por mi carro y una maleta que había dejado encargados en el hotel de ese lugar. Al entregar las llaves le pregunté al administrador del hotel, si sabía algo acerca del gringo… el señor me miró extrañado…se quitó el sombrero y se rascó la cabeza mientras me decía…

-¡No maestro! “Billy, el Chicago, hace más de dos años que ya no está aquí!-  Unos dicen que regresó a su país… otros quiénes lo vieron por última vez, cuentan  que desapareció allá en el Real, por el rumbo del socavón y pos… por acá ya nadie lo volvió a ver desde hace mucho. Aquí dejo la casa sus cosas, que eran muy pocas… puros  libros viejos y  algunos trebejos… Y pos, yo creo que ya no regresa… ¡O vaya usted a saber qué pasaría!-

Antonio Trejo   ©

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