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EN BUSCA DE GIOVANNI PAPINI

Florencia, Italia

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“Si alguien en este siglo XX es equiparable al Proteo egipcio ese alguien es Giovanni Papini, historiador de la literatura y poeta, pragmatista y romántico ateo y después teólogo hay estilos que no se pueden leer en voz baja Papini en la polémica solía ser sonoro y enfático…” Borges.

Nunca imaginé en mi vida que algún día estaría de visita en el lugar donde nació uno de mis ídolos literarios de mis años mozos de bachiller y que me sacudió con sus textos y libros maravillosos tan revolucionarios como: “Gog”, “El libro negro” o “Un hombre acabado”; Genio desde muy niño Papini gozó de una inteligencia fuera de serie, aún muy joven escribió obras desafiantes como “El crepúsculo de los Filósofos” y “La vida de Cristo”, donde desafiaba abiertamente las tesis de Nietzche a Jesús el Cristo nada menos.

Antes de partir a Italia verifiqué que la ciudad de nacimiento del maestro italiano la hermosa Florencia a donde llegué luego de haber vagado por pueblos del mar Adriático y Bologna, así que una vez ya en la ciudad de la Flor de Liz me declaré listo para iniciar esta aventura periodística fantástica en busca no dolo de sus casa sino de sus raíces,í lo único que sabía era que Papini había vivido en la llamada “Vía de Bardí “ sin número por lo que me dediqué a investigar entre libreros callejeros y bibliotecarios florentinos.

Giovanni Papini nació un 8 de enero de 1881, hijo de una pareja de italianos muy cultos su padre era Ateo y anticlerical por lo que su madre tuvo que bautizarlo en la fe católica a escondidas. Empezó a escribir a los 12 años, a los 14 creó dos revistas literarias “Sapiencia” y “La revista”, para los 19 años enseñaba italiano en el instituto inglés y a los 20 presidía ya la catedra de Filosofía y letras de la Universidad de Florencia…

Camino por el centro de Florencia. Luego de visitar el Museo Etnológico alguien me indica donde es la “Vía Bardi” que está cerca del puente Vecchio que edificó Leonardo da Vinci, de inmediato me dirijo hacia allá, pasó joyerías de lujo, restaurantes del mercado, turistas japoneses boquiabiertos que admiran los diseños más exclusivos de los “monstruos” de la moda italiana Gucci, Luis Vuiton, Zegna, Armani etc.. es verano casi 40 grados por lo que no se puede casi caminar con tantas multitudes admirando la ciudad de Leonardo da Vinci.

Prolífico y lúcido Papini quien firmaba sus obras como “Gian Fiaco”escribió decenas de libros, fue “Gog” sin duda el texto que lo llevó a la inmortalidad. Según el propio autor un loco en las calles de Florencia le entregó una carpeta repleta de cartas y manuscritos que publica para dar a conocer estas desafiantes líneas, en ella ataca principalmente a Lenín a quien acusa de ser un “ignorante que suprime la voluntad del individuo completamente”.

Experimento una especie de alquimia espiritual en estas calles de Papini, intento imaginarlo vestido de monje, alucinando por los callejones cerca de la “Piazza del Doumo” pensando en su obra sobre Dante, Miguel Ángel y San Agustín a quién una vez converso llamó su “alma gemela” era tanta su capacidad que sin pensarlo Papini en sus obras nos habla al escritor que todos llevamos dentro con una sola consigna: sacar los propios demonios para exorcizarlos escribiendo nuestros propios dramas, nuestros propios puntos de vista ante dios y la vida.

Estoy desesperado, no encuentro la casa de mi ídolo de juventud, solo hay tiendas, panaderías, puestos de baratijas, pregunto e indago pero nadie lo conoce, decepcionado me voy al puente Vecchio y bebo cerveza como un poseso, de pronto un extraño hombre escocés entabla conversación conmigo; me aclara que en 1944 Papini fue desalojado de su casa que hoy día ya no existe, que fue destruida, por fortuna su biblioteca fue rescatada. Que alivio, solo me resta ir al cementerio “De la Porte Sante” donde termino una botella de vino en su honor, recuerdo que a los 72 años ciego dictó a su sobrina Anna su último libro “ El diablo” antes de  morir en 1956… así sentado en su tumba exaltado tal vez por el alcohol ingerido durante mi búsqueda, lloro de felicidad, por fin encontré al Gran Giovanni Papini, misión cumplida.

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