Entrevista con el grupo Etno Rock “la tribu”

Por Carlos Álvarez Gallegos

Primera parte

“Ha bajado aquí a la tierra la muerte florida, se acerca y ya aquí, en la región del color rojo la inventaron, quienes antes estuvieron con nosotros, continúa la partida de gentes, todos se van, los príncipes, los señores, los nobles, sentir tristeza Moctezuma, Nezahualcóyotl, Totoquihuatzin, nos dejaron nos dejaron huérfanos” Axayácatl

Reminiscencias arcaicas de ceremonias de guerra, festejos o juegos, para honrar a los que ya partieron al Mictlán, sonidos de instrumentos perdidos en el tiempo que salen de los Mixcoacalli o de los Cuicacallis casas Aztecas en donde se enseñaba canto, poesía y música.

Asistimos a un taller concierto de cantos ceremoniales ofrecido por el grupo de música prehispánica “La Tribu” en el marco de la celebración del XXIX Festival de la Toltequidad celebrado este mes en el pueblo mágico de Mineral de Pozos Guanajuato, Mexico.

Para compenetrarse con el evento hay que despojarse de los prejuicios antropológicos, comprender el significado de las peregrinaciones a Tenochtitlan y otros centros del poder del México antiguo; cuenta la leyenda que una doncella llamada Itzpapalotl, fue soñada por un sacerdote al que los dioses le dijeron: “Mexicas están listos para aprender del Sol todos los días en su lucha contra las fuerzas de la oscuridad para ser el más grande de todos los pueblos sobre la tierra…”.

El grupo formado por Agustín Pimental y los hermanos David y Alejandro Méndez Rojas comienza a cantar a capela una especie de ópera Náhuatl muy hermosa el humo de la copal flota en el ambiente antes de que los caracoles, las flautas, las sonajas intenten encontrar su lugar en el cielo de la serpiente, aparece el tremendo sonido del “teponaxtle”, tambor sagrado del guerrero mientras los “cascabeles” amarrados en las pantorrillas al danzar imitan el sonido cretácico del agua.

Según un texto del siglo XVI el sacerdote mexica ordenó al pueblo Azteca a ir por los cuatro rumbos Norte, Sur, este y Oeste, aprender de los cuatro animales Ocelote,Conejo, Aguila y la serpiente, de los cuatro colores Azul, Rojo, Amarillo y Verde.

Continuan los cantos en náhuatl que nos remontan a la época más esplendorosa del imperio Azteca o Maya, las flautas hopi, los huehuetls o tambores muestran toda la majestuosidad de la música indígena mexicana, de una belleza incomparable e inalcanzable, los coros combinan maravillosamente las tres voces que entonan los cantos mayas del Dzilbalché, en especial el número 12 ejecutado con un fondo de Tunkul (tambor maya).

Aunque parezca extraño, existe poca música prehispánica, los conquistadores españoles arrasaron con todo vestigio de cultura, según uno de los más grandes investigadores de música indígena que paradójicamente es español Hernando Franco, al que hoy muchos llaman en su país neo- autóctono y radicalizado, se han podido rescatar algunas grandes piezas musicales del periodo preclásico en Guatemala y se intenta reconstruir la teoría e historia de la etno música amerindiana para que la disfruten los nuevas generaciones de mexicanos y el mundo contemporáneo.

El concierto está a punto de terminar, le gente extasiada pide más, están ávidos de esta fusión con tintes de rock y música electrónica basada en los sonidos del pueblo antiguo del México mágico, todo es maya todo es ilusión es tiempo de dar paso a los cantos Coras para atraer la lluvia, la canción número tres es más bien un himno una invocación peyotera energética, danza con golpes de palma de mano en pecho y piernas.

Suenan las Caracolas convertidos en heroicas trompetas, acompañados de las flautas wirrarikas, estamos en casa, en nuestro México amado, el cielo luce azul y el pueblo aplaude cuando los ritmos de los teponaxtles terminan en un impresionante crescendo pleno de gritos locos demostrándose la rudeza y sabiduría ancestral de nuestros antepasados.

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Fotografía Arturo Javier Castro Avila