Entrevista con el Guardian Wixárika Del Cerro Quemado

Parte 2 Real de Catorce San Luis Potosí.

      Así como aquel que guarda con  celo y resguarda a muerte su casa, Antonio apenas llega me somete a un rito de iniciación huichol: entrar por el caracol del infinito del abuelo fuego. Nos da dos pedazos de vara pequeñitos y nos indica la importancia de entrar en el laberinto de rocas perfectamente colocadas para pedir permiso al Venado Azul de visitar Cerro Quemado.
Respeto. Silencio, faltan las palabras para hacer una entrevista a alguien en plena humildad empezó a prender velas ceremoniales para honrar al hikuri armonizando el momento mágico, arriba en la montaña contemplando el Valle de la animas sumisos ante la omnipresencia del creador, señala con su mano derecha hacia Wadley e inicia un monólogo:
” Cuando no había dioses, ni sol, guiados por las energías del sitio buscaban al abuelo fuego, pues toda era oscuridad, la luz de la estrellas era la única que hacía ver algunas formas de la vida así que intentaron bajar una para alumbrase, sin éxito, entonces los wirrarikas empezaron entonces a observar entre otros animales a un Venado que bebía gua en una laguna cercana al Quemado…”
Un silencio tímido nos condena no peyorativamente a escuchar con más atención del relato, al cual tengo que traducir al inglés simultáneamente para que Will Kaner lo comprenda. ” Desde los peñascos a lo lejos algunos podían ver una luz que vagaba por los cerros, era un animal parecido a un toro que brillaba y al que las flechas nada hacían, por lo que decidieron ir a buscarlo y por cinco días subían y bajaban los cerros alrededor del “Quemado”.
“Desesperados porque no lo encontraban, los Wixárikas decidieron hacerle ofrendas, mientras los buscaban en por el lugar, le llevaron comida, madera y Tatewari el abuelo fuego se les apareció, lo pudieron ver por primera vez, llegó por fin el día y hubo una esperanza de fiesta, de vida”.
Hombres hay muchos, hombres de todas las naciones, edades, credos, razas, pero el Guardián Antonio era tan autentico que solo al estar en su nivel de conciencia pude hacerle la entrevista, en momentos fijaba en mí su vista de ojo de venado al responderme…
“Entonces un anciano sabio les indicó que debían atrapar al Venado, pero antes le pedirían ayuda al astro mayor a Tau (sol) para atraparlo, fue entonces que el astro rey iluminó al animal y cayó sobre él, despedazándolo en chispas y yesca que los wirrarikas tomaron apoderándose del fuego”.
Tatewari apenas era visible, es el nacimiento del primer Maracame, el non plus ultra el que enseña la caza, las costumbres, las ceremonias y su simbolismo eternal.” Urgidos de luz y su personificación viviente mis ancestros tuvieron el fuego a donde arrojaron niños para que dé el salieran los pájaros y su nuevo guía, pero nada sucedió…”.
La complejidad de su explicación empujaba a mi atención dialéctica a enfocar la historia, pero las afirmaciones inspiradas y rápidas rebasaban mi comprensión mundana : “Entonces se supo de un niño que vagaba por el desierto, y que había nacido para eso, lo siguieron, él sabía ya cuál era su destino, su madre apresurada trató de detenerlos, el mismo se dirigió a la fogata y se aventó dentro…”.
En el ambiente flotaba una especia de sortilegio, de comunión entre el narrador, el extranjero y el periodista” Antes de inmolarse para que surgiera la luz, el niño les advirtió que regresaran a esa tierra a traerle ofrendas, entonces nosotros le cantamos canciones y los dioses bajaron a nosotros y el Águila planeó cerquita de los ahí presentes surgió la luz, algunos pudieron verla y otros no”.