La música culta o docta es una de las fronteras de la música clásica occidental, tradición medieval que se ubica lejos de las estructuras o diseños de la llamada música popular, en ella se lleva a la práctica el desarrollo de los sonidos escritos en la partitura, aunque no es en sí misma clásica como tal, se acerca además a la música contemporánea, en México algunos de los más grandes exponentes son Juventino Rosas, Manuel M. Ponce y el potosino Julián Carillo entre muchos otros.

Escuchar las composiciones de la pianista y concertista cubana Kivieta Gutiérrez es como transportarse a los maravillosos atardeceres de su ciudad natal, La Habana Cuba, sus manos cautivan al piano con esa sedosidad sublime que inspira ya bien melancolía o exaltación de la belleza sonora de la propia existencia…

Entrevistamos a la artista cubana en el marco del XLVII Festival Internacional Cervantino en la ciudad de Guanajuato : Profesora de piano, concertista, compositora, nació en la bella isla alguna vez bautizada como “Juana”, estudió en su tierra natal en el conservatorio  y en Chile, tomó clases magistrales con músicos de la talla de Gabriela Montero, Martha Argerich, Daniel Barenboim y Roberto Bravo  a través de quienes logró catalizar su técnica personal que la ha llevado a presentarse en varios lugares del mundo teniendo como punta de lanza su disco “Flor de Cuba”, excelente material según la crítica.

El disco producido por ella misma es una especie de compilación de música docta cubana con cortes cautivadores, de compositores como Ernesto Lecuona tales como “La Comparsa”, “Damisela encantadora”, danzas de Ignacio Cervantes “Los tres golpes”, “Adiós a cuba”, así como “Ay! mamá Inés” y “El manisero” de Moisés Simón, temas como Capullito de Alelí”.

“Se trata de algunos temas muy conocidos de la música cubana. el público podrá encontrar en “Flor de Cuba” un rescate de todos los ritmos y compositores de este género con un toque sutil de fusión de la música de mi patria” nos explica Kivieta, resalta en esta grabación la canción “Atardecer en la Habana” composición propia para piano que tiene una fuerte carga emocional, con un Sax desgarrador que arrancará dulces lágrimas el oyente.

 “Como bien decía bien Nietzsche la vida sin música es un error, en mi caso es un espacio donde refugiarme, nutrirme, ser yo misma, lugar donde me siento cómoda, tranquila en mi ser. La música es lo más importante en mi vida, desde niña fui muy sensible al arte auditivo, estuve  relacionada con artistas en los años 80s, como los grandes intelectuales de mi país  gracias a mis padres quienes me apoyaron no solo a mi sino a mi hermana para estudiar todo tipo de bellas artes, entre ellas las plásticas, me encanta la fotografía la cual estudié  cuando llegue a México, trabajo mucho el formato con fotos en blanco y negro, que incluso han sido premiadas, escuché desde niña música clásica, mucho a Mozart, Beethoven, pero sobre todo a Johann Sebastian  Bach mi primer encuentro con el piano, mis  maestros insistían que lo tocamos para superarnos” puntualiza.