Hola me llamo Antonio y mi historia es la siguiente:

En el 2013 mientras aún estudiaba mi carrera, trabajé en verano de ese año en el Italian Coffee de plaza sendero, mi función al inicio era como mesero, después subí a barra de bebidas y preparaba los cafés fríos (frappes) y calientes.
Un día miércoles de julio cuando me tocaba el turno por la tarde de 2 a 11 de la noche, después de haber comido comencé a sentir un dolor bastante fuerte en el estómago, pero muy fuerte. Bueno, ya se hacía tarde y se acercaba la hora de cerrar y comenzar a realizar la limpieza del lugar; quedaban como tres mesas ocupadas como eso de las 9:30 de la noche y yo estaba parado esperando la partida de los clientes. Estaba justo enfrente de la puerta de la cocina, la cual mide un metro cuadrado sin exagerar; entonces, sentí un espasmo en el vientre muy fuerte que me retorció de dolor, en eso, voltee en dirección a la cocina y vi a un señor de unos 45 a 50 años aproximadamente adentro de la cocina y justo en ese momento me dispuse a entrar  para preguntarle que qué hacía ahí y sacarlo de la cocina;  en cuanto me muevo en su dirección, él se movió en dirección hacia una pequeña bodega que está debajo de las escaleras de la primer planta; al entrar al lugar no lo encontraba y me metí a la bodega a buscarlo ahí, la cual tiene una altura muy pequeña, pero tampoco estaba, entonces, no hice más no dije nada a NADIE. Cabe mencionar que no estaba seguro si fue algo más o se debía a mi gran dolor, por lo cual no era gustoso de entrar a la cocina después de esa experiencia. Dos semanas después llegó una señora de unos 35 años a trabajar justamente a cocina y comencé a hablar con ella bien. A los tres días entre a  la cocina a pedirle un panini con jamón serrano; y trato de salir de inmediato, pero ella me detiene y me pregunta:

-¿Por qué me incomoda estar aquí, acaso es por su presencia?

A lo que yo respondo rápidamente que no, nada que ver. Entonces ella sonríe y me dice de una manera muy cálida, NO TENGAS MIEDO, ÉL NO TE QUIERE LASTIMAR, DE HECHO LE AGRADAS;  yo me quedé perplejo pues ella me dijo lo que yo había visto hace ya casi tres semanas atrás y resaltó que no negara la presencia de esa persona y que la tratará con respeto. Después de que me dijo eso, justo en ese momento, sentí un escalofrío inmenso y sobre todo cuando me mencionó que podía presentármelo, sólo era cuestión de que yo quisiera verlo, a lo que yo respondí que prefería no hacerlo. Ella me dijo mil cosas sobre mi pasado que nadie sabía de ahí. Después de tres semanas ella se retiró del trabajo y me dejó su teléfono para que le marcará  y citó: “me vas a necesitar”.

Después de todo lo que ella me dijo y me dio su teléfono (el cual perdí prácticamente al instante en que me lo dio y se fue); no volví a saber de ella. No le conté a nadie más de ahí mismo nada y terminé de trabajar ahí. De igual manera no me es muy cómodo regresar ya  ni como cliente a ese lugar.