San Luis Potosí, 23/03/19. La Sociedad Potosina La Lonja, fue el recinto que albergó una de las noches más memorables para estos conciertos Sabineros que ya suman más de 10 años ininterrumpidos de presentaciones, organizado por el Café Bar 500 noches.

Con Pancho Varona y Antonio García de Diego a la cabeza, músicos, coautores, cómplices y amigos de uno de los más grandes cantautores de habla hispana: Joaquín Sabina. Acompañados por la hermosa Mara Barros, vocalista y corista de Sabina desde el 2009, que  se ha ganado a pulso y voz el cariño y la admiración del público sabinero, además de la presencia de Paco Beneyto, baterista de la agrupación Viceversa que acompañó a Sabina a finales de los 80, así como las voces “invitadas” de Grecia, Isabel, Citlalli y nuestro amigo Juan Antonio Chipuli.

El concierto tiene una dinámica muy peculiar que lo divide en dos partes; en la primera la agrupación hace un recorrido por grandes éxitos de Sabina de diferentes épocas, con versiones actualizadas y readaptadas al estilo de cada intérprete, pues tanto Pancho, Antonio y Mara toman la voz principal de canción en canción.

Varona abrió el concierto con “Esta noche contigo”, seguido por “Ganas de”, coreado por sus colegas y las voces de todos los presentes, para ceder el micrófono después a García de Diego que interpretó “Con la frente marchita” y “Cristina”; tocó el turno a Mara que versionó en flamenco “Nos sobran los motivos” para luego regalarnos el  blues de “la canción de la noches perdidas”, misma que se ha vuelto emblema en su carrera.

Volvió Antonio, al piano entonando “Mentiras piadosas” y las dos canciones siguientes movieron todas las emociones de los presentes, “A la orilla de la chimenea” y “La canción más hermosa del mundo”. La noche se tornó mexicana y Mara advirtió que con cariño y con mucho respeto entonarían una ranchera y comenzó la melancólica, “Con dos camas vacías”, que versa: ya no cierro los bares, ni hago tantos excesos, cada vez son más tristes, las canciones de amor…

Eso dio paso a “Ruido”, y el silencio después de los aplausos se interrumpió por la esperada interpretación Marabarrista de “Y sin embargo te quiero”, fragmento de la canción de Quintero, León y Quiroga que antecede siempre a uno de los himnos Sabineros, “Y sin embargo” que se escuchó a voz de Pancho Varona y que tiene un final donde siempre el público protagoniza emotivamente el coro.

Cayó la media noche e inició la segunda parte del concierto, en esta suben algunos de los asistentes que previamente se apuntan en una lista y los presenta Varona solo por su nombre, comentando al margen, que en esta ocasión serían tres mujeres y un hombre, “no buscamos cantantes, sino valientes”, remató Pancho. Así arribó al escenario la primer convocada de nombre Grecia cantando entre aplausos “Y si amanece por fin”, después Isabel con “Quién me ha robado el mes de abril”, ambas muy bien recibidas.

Se anunció a Juan Antonio, y su grupo de compañeros coreó en apoyo su apellido “Chipuli, Chipuli, Chipuli…” el grito se volvió un coro general en la sala, lo que llamó la atención de los músicos y Varona increpó al público: -¿Sois todos amigos de él o qué? ¿sois familia?. La euforia llegó a más, al iniciar la canción “19 días y 500 noches”, pues es una de las canciones más queridas y entrañables de los seguidores del flaco de Úbeda y que generosamente sus músicos dejan en voz del público, en esta ocasión Chipuli, quien hizo una muy buena versión y regresó a su lugar entre aplausos y gritos de “otra, otra”.

19 días y 500 noches

Tocó el turno a Citlalli que concluyó las participaciones del público con la canción más conocida de Sabina, “Y nos dieron las diez”. Para que después los anfitriones musicales, retomaran el concierto cantando la balada “Contigo” y continuar con “Amor se llama el juego” al piano y cantada por García de Diego, interpretación que robó lagrimas a Mara y a varios de los presentes. Siguió “Peces de ciudad” y ya el éxtasis de los aplausos era apabullante. El punto máximo se dio al sonar los acordes en rock de “Princesa” donde varios asistentes se levantaron a bailar y corear desde sus lugares. Pancho se detuvo al final de los aplausos para anunciar que este concierto estaba a punto de ser declarado el mejor de la gira, una euforia generalizada  abrazaba la madrugada.

Solo hubo espacio para una canción más, un broche de oro, y al ritmo de “Pastillas para no soñar” se despidieron los españoles entre gritos, aplausos y un tumulto que les dificultó dejar la sala. De esta forma concluyó una inolvidable noche que dejó a todos satisfechos y tarareando incansables esas letras que han marcado ya a generaciones sin perder vigencia, ojalá que volvamos a vernos.