La Caída. Una gran metáfora en movimiento, es lo que ofreció la coreógrafa y bailarina, Lola Lince en el Coloso de Villerías y ser hasta el momento una de las más destacadas propuestas dancística en esta trigésima octava edición del Festival Internacional de danza contemporánea Lila López.

Una pieza dancística que no solo cuestiona, sino también busca trastocar gracias a esta experiencia escénica conjunta de Lince y Natsu Nakajima, para generar no solo este hecho sino también generar comunidad, intimidad y empatía, aunado a incidir en esta multi-lecturas que no solo enriquecen sino también, compromete no solo al espectador/cómplice sino a la misma obra.

Una caída que se va deconstruyendo bajo el trazo de once imágenes. De inmediato evoca a uno de los work in progress de esta pieza dancística presentada en esta capital potosina , de la cual comentaba Lince “ver la caída, es como esta posibilidad de crecer”.

Un escenario, en su centro cuatro jóvenes pintan sobre el piso, para después de unas secuencias lentas y pausadas dan sentido a lo pintado, para quedar expuesto en primera instancia esta representación simbólica no solo de esta inocencia sino de este paraiso recordado, aunado a esta evocación al arcoiris representado por ancestrales civilizaciones.

En conjunción de estas dos torres metálicas habitadas y que darán la impronta a esta dualidad del paraíso y del suscrito al infierno, a partir de esta constante del poemario visual, esta posibilidad creativa desplegada a partir de estas dualidades: caos-tranquilidad, certidumbre/incertidumbre y a pesar de existir cierta calma se deja entrever el caos.

Gracias también a esta mediadora no solo del tiempo sino de esta omnisciencia, quien va desplegando este tejido de este poema visual y de un sempiterno movimiento.

En este momento no solamente es importante el asumir el habitar el cuerpo a partir de la expansión/contracción del grupo/esta comuna, de estos orígenes-huevos-, forma primigenia de la naturaleza humana sino de esta animalidad siempre presente en estas perennes pulsiones, gracias también a la insolencia expuesta en cada resquicio para ser verbalizarlo ante esta lejanía y proximidad.

Una pieza escénica que no solo te va envolviendo, sino haciéndote participe de este movimiento corpóreo-vivo-expresivo que queda impreso sobre este cuerpo-sujeto, de ahí que resulta cautivante la voluntad de esta obra, al señalar/destacar no sólo su nobleza sino generar esta declaración a partir de esta mirada ampliada entorno a que “la vida es un viaje en paracaídas y no lo que tú quieres creer…”. Vicente Huidobro.

O, como dice Adorno, “si las obras de arte son respuestas a sus propias preguntas, también se convierten ellas mismas por este hecho en preguntas”.

 

Intérpretes: Tlathui Benavides, Erick Basurto, Isac Arroyo, Velvet Ramírez, Georgina Gastelum, Cinthia Castro, Casandra Esparza, Paul Blanco, Antonio Fuentes, Melissa Esparza, Valeria López, Daniela Méndez, Edgar Nevares, Katia Romero, India Tracy, Cristina Zamora y Lola Lince, idea original, coreografía y directora de este proyecto de danza contemporánea experimental, en conjunción del diseño de iluminación de Mauricio Ausencio, como del diseño sonoro de Paúl León Morales.

Fotografías: Cortesías de Edgar Gutiérrez Calvillo / FIDCLL