Ahí estaba sentada sobre la cama, María sólo quería un poco de agua, tenía sed, estaba enferma, estaba tan débil que no podía pararse, como un murmullo se escuchaba su voz, sola a media luz.

En el otro cuarto sus hijos Joel y José gritabas, reían, se embriagaban sin importarles la salud de su madre, hombres malagradecidos, que no le daban importancia a su enfermedad. Su padre acostumbraba decirles que ella inventaba su enfermedad para ser floja y no atenderlos como debería.

José se acercó a la habitación de María, la vio sentada, ella extendió su mano para que se acercara, pero en ese momento se escuchó un fuerte golpe y vidrios caer, corrió para ver en el suelo a José riendo por haber caído, siguieron ahí riendo, por tonterías, olvidándose de su madre enferma.

Fue hasta el siguiente día cuando se percataron del silencio de su madre, ya no decía nada, parecía solo recostada, pensaron que estaba dormida, pero cuando se acercaron se dieron cuenta que había muerto. Fue cuando comenzaron a recordar las vivencias con ella, había sido una cariñosa y amorosa madre.

José se sintió tan culpable, tomó su mano y soltó el llanto, Joel se también, así de los hijos ingratos brotaban las lágrimas, pedían perdón por no valorarla, por haberla dejado ahí sola.

Así pasaron los días, los son estaban tristes, desconsolados, seguían emborrachándose, pero las risas serán pasado, estar tristes ya era común, la culpa no los dejaba vivir en paz.

Una noche ya de madrugada uno de José se había quedado en la dormido recargado en la mesa, una mano tibia sobre su rostro lo despertó, cuando el abrió los ojos, descubrió que era su madre, “Los perdonaré cuando muestres vea cambio en sus vida” y desapareció.

Corrió a despertar a su hermano, para decirle el mensaje, Joel no podía creerlo, pero la necesidad del perdón de su madre era grande, al día siguiente los dos salieron a buscar trabajo, dejaron la borrachera, incluso comenzaron a ir a misa, hubo un cambio radical.

Una mañana en misa, de la nada se acercó una mujer les dijo “Su madre está aún lado de ustedes, al fin podrá descansar en paz, está orgullosa de ustedes”. Ellos un tanto nerviosos, se abrazaron, conmovidos, porque sabían que finamente los habían conseguido el perdón que tanto anhelaban.