La metamorfosis de Nadina de nadie

Sí habría que definir la obra de la artista Nadina Villanueva Martínez de la Hoya, “Nadina de Nadie” sería esta sin duda como obsesiva e imaginativa, no realista sino todo lo contrario surrealista, de carácter enteramente onírico, que hurga en los ámbitos del subconsciente, una suerte de muerte simbólica de lo real para despertar a otros mundos, un universo de iniciación, de dolor y alivio, de tragedia, de experimentación y soledad, cambios profundos que la vida bohemia le ha hecho sentir en carne propia a la artista quedando estos plasmados en sus lienzos.

Nos explica que su carácter obsesivo compulsivo se debe según su carta astral, ella es Capricornio con la Luna en Urano en la tercera casa y nos narra cómo descubrió que lo suyo era la pintura desde muy chica: “Recuerdo vivamente el momento, yo tenía 7 años de edad y padecía de terribles dolores de estómago debido a una enfermedad, así que cuando iba al baño me ponía a observar todos esos azulejos portugueses tan maravillosamente diseñados en mi casa materna”.

  Carlos-Pintora Apunta que a pesar del intenso dolor que le provocaba el estreñimiento, al grado de que el mismo le hacía que se le nublara la visión penetrando a un universo, aunque miserable físicamente de gran valor estético y contemplativo. “Al observar esos diseños en los azulejos, las formas artísticas me hacían viajar, olvidar mi padecimiento, escapaba así de la tercera dimensión y, todo se convertía era un trance de alivio y de revelación de mi leitmotiv para pintar, así que, al pasar del tiempo, cada vez que sentía el dolor pintaba y era este acto de fe como un remedio infalible”.

Para Nadina de Nadie pintar es un viaje intuitivo que le permite penetrar a zonas más profundas, misteriosas y lúcidas de su ser interior, conciliando a los opuestos de la vida aun en situaciones límite, “se me hace más fácil ser atrapada por el otro lado del espejo” comenta la artista.

“Medito al pintar y el silencio interior no me permite perder el contacto con la realidad, vengo del grafito al color, pretendo rozar el abstracto, intento plasmar una cosmovisión del campo cuántico que nos rodea, explorar lo intangible y hacer que la dualidad no se perciba contradictoriamente, me gusta cultivar la contemplación y darle libertad al ser y a sus sentidos en una búsqueda vital por encontrar mi sentido existencial más humano”, puntualiza nuestra entrevistada.

Confiesa que su frase preferida es “Pintar es amar otra vez” del escritor y además acuarelista norteamericano Henry Miller, el amor que la pintura nos entrega es un amor consciente, sin posesión alguna, que no espera ninguna retribución, pues el acto de pintar es en sí mismo es un acto de amor que se ofrece y se recompensa asimismo.