La vida es un carnaval.

La fabulosa vida de un migrante mexicano en USA.

El rugido de los generadores  llena la atmosfera,  hermosas luces de neón se encienden, el  grito del pregonero por doquier, la feria ha llegado al pueblo,  algodones de maíz, esquites de elote, sonrisas deliciosas flotan en el aire nocturno, niños aferrados a los juegos mecánicos se divierten, de la casa del horror salen lamentos, palomitas de maíz, el carnaval es lo mejor, no hay nadie a quien no le guste, pero ellos empacan y  se van con la luz en la mañana a seguir su gira de sueños y diversión.
Cuando se habla de migración a los Estados Unidos desde México se cuentan terribles historias de desgracias, riesgos de secuestro y muerte,  de leyes anti-inmigrantes que presionan a las autoridades del país vecino para que los migrantes trabajadores sean deportados pues aunque  ayudan a la economía no tienen papeles en regla para laborar, sin embargo la historia de paisano José Isaí Jonathan Leonardo  así como el de cientos de migrantes veracruzano es totalmente diferente, digna de contarse, pues es un ejemplo de inmigración ordenada legal con rotundo éxito ya por más de una década.
 

 
Atrás quedaron las celebraciones navideñas y de año nuevo en su natal Tilzapota, comunidad que ni siquiera aparece en internet, delegación del municipio de Tlapacoyan Veracruz  frontera con Puebla,  me lo encuentro en la terminal de los autobuses Greyhound en San Antonio Texas, va rumbo a Kentucky con visa de trabajo,  este 2018 cumple nueve años laborando como manejador de juegos mecánicos en las ferias rurales cruzando los Estados Unidos, especialista en armar, operar y desarmar  las llamadas  “Las tazas locas”  inventado a finales del siglo XVIII juego que le ha dado para darle de comer  a los suyos al sur del Río Grand y comprar una huerta de plátanos allá en su humilde ranchería.
Gracias a un convenio laboral entre la Unión de Trabajadores  de Feries de Tlapacoya y la JFK workforce que contrata empleados para las ferias rurales en los EEUU a través de las llamadas Travelling Carnival Companies con sede en Latika Kentucky,al menos unos 14 mil empleos legales mantienen la esperanza de vida de estos migrantes mexicanos afortunados, pues se les paga prácticamente todo durante 9 meses con un salario super  para ocupar los diferentes puestos de una feria  de atracciones : operador de juegos, chalanes, cobradores, cocineros y personal que atiende los atractivos que hacen la delicia de chicos y grandes en el país más poderoso de la tierra.
El único precio a pagar es alto: no ver a sus esposas, novias, amigos y familiares por la temporada anual que dura casi diez meses,  “el abandono, la distancia, el olvido duelen, dice José Isaí, lloro de pensar que están pasando mis hijos allá Axala mi tierra,  pero hay que aguantar la necesidad es gacha, pero ya entrando octubre tengo la esperanza de comprar un  boleto de avión  donde ande hasta puebla y disfrutar mi dinero, ganado con esfuerzo sobre humano, nadie aguanta este trabajo excepto nosotros los mexicanos”, afirma.
“Yo soy el encargado de las tazas locas o Titawheel, yo armo, arrancó el juego y lo opero para luego desarmarlo y cargarlo y seguirle al otro pueblo, manejo, vivimos en trailas chidas acá, con todo camas,  horno, movies dinero, pero no hay tiempo de rezollar, una vez recuero y es único problema que he tenido en este trabajo, una pareja de negros ya grandes se subieron a las tazas locas, pero la señora se mareo  casi instantáneamente vomitando todo el almuerzo, el hombre gritaba  “Stop it please, y lo paré pero la fuerza dela inercia siguió  castigando a la pobre mujer ,el tipo me retó pero yo no perdí la postura, me confiesa agradeciendo la entrevista para Aló San Luis quien da voz a quienes no la tienen…  llegamos a Dallas Texas, me despidió con una sonrisa y un fuerte apretón de manos iba lejos al norte cruel pero con trabajo legal…