UN ALMA QUE NO DESCANSA
Villa de Reyes, San Luis Potosí, S.L.P.

Mi relato empieza según recuerdos de mi infancia, contaría con 10 años de edad aproximadamente. Mi Padre trabajaba para Ramón Salazar como encargado de exhibir películas por medio de un aparato cinematográfico de aquellos ayeres de 16 mm, esto solía hacerlo todos los días de la semana en todas las comunidades y/o ejidos alrededor de la cabecera  municipal de Villa de Reyes, S.L.P. El día domingo en el salón del Cine de Villa: “Real Cinema”,  yo, como chamaco siempre me le pegaba a acompañarlo a todos lados aunque en ocasiones se enojara y me regañara y cada que asistía me ocultaba bajo la lona con que cubrían todo el equipo de trabajo.

Una ocasión, que regresábamos como de costumbre a casa muy tarde (1:00 am), en la calle Tomas Tapia, calle en la cual yo vivía  se encontraba completamente en penumbras ya que en aquel entonces no contábamos con alumbrado público suficiente, si acaso algunos pequeños focos muy pero muy distantes y cerca del jardín del pueblo, lo que provocaba que por los árboles y follaje existente y algunas casas solas se tornara una tétrica y horripilante oscuridad de apariencia terrorífica y como en todos los pueblos se dice que existían fantasmas, aparecidos y la llorona, y cuando no el charro negro (llamado el amigo maligno o el diablo).

Por aquellos tiempos existía un personaje que también acompañaba a los del cine ambulante a todos lados ya que vendía fruta en rebanadas, semillas, tostadas, palomitas y cacahuates. Una noche,  el frutero Don Mariano Gómez  (QEPD), ofrecía unos ricos y suculentos mangos de manila riquísimos , exquisitos y suculentos,  que al ver uno enorme se me antojó llevárselo a mi madre; impaciente por llegar a casa quería que ya terminara la función de esa noche y en cuanto llegamos a encerrar la camioneta y el equipo de trabajo nos despedimos de todos los demás trabajadores, en total 4 miembros, y en seguida nos dirigimos a casa tomando la ruta de siempre, por la calle de la famosa “sequia del pueblo” donde era más tétrico el ambiente; quiero comentar que para esa hora yo ya estaba casi dormido y únicamente recuerdo perfectamente que tomé mi hermoso mango y lo protegí contra mi pecho y me agarre del cinturón de mi padre Don Agustín Muñiz Galicia (QEPD) quien siempre traía consigo una lámpara de mano de pilas para alumbrar el camino tan obscuro, esa noche iba caminando con los ojos cerrados y en ese momento se escuchó el chiflido de una lechuza quien era considerada como la guía de las brujas, se nos enchinó el cuerpo de miedo y empezamos a caminar más rápido, dimos vuelta en la próxima esquina y al pasar por la conocida casa de los espantos; ¿qué creen ? que me percato que mi mango y !ya no lo tenía!, enseguida nos regresamos inmediatamente todo el camino que habíamos recorrido ida y vuelta y no logramos encontrarlo por ningún lado,  ¿qué pasó?, ¿quién me lo quitó?, nunca lo supimos.

Al llegar a casa  y abrir con la llave la entrada del zaguán de la huerta, escuchamos claramente enfrente de la ventana del cuarto de mi madre: Doña Alicia Rocha tres quejidos muy profundos como cuando alguien tiene un dolor muy fuerte, por lo que imaginamos que mamá estaría enferma y corrimos inmediatamente a preguntar que sucedía pero esto  empeoró cuando abrimos la puerta de su recámara pues la encontramos dormida y en calma, le pregunté a papá que si había escuchado los quejidos y me confirmó, y enseguida me contó que no era la primera vez que se escuchaban esos ruidos y que tal vez serían de Don Nicólas Espinoza a quien mataron en ese lugar de tres puñaladas cuando fue comandante de la policía municipal y que posiblemente su alma  la que penaba por ese lugar, nunca supimos que fue, realidad o fantasía, sólo lo vivimos y lo demás es lo de menos.

“Aquél que ha visto un espíritu ya no podría estar como si nunca lo hubiera visto.”
John Henry Newman

Ilustración por: Yeshua Hurtado