EL PEÑASQUITO

UNA VISITA AL MÍTICO “PEÑASQUITO” EL BAR MAS ANTIGUO DE SAN LUIS

 

República paralela y democrática: inventada la taberna romana para apagar la sed de las legiones, catalizado socialmente en Reino Unido hacia el siglo XIX como “Pub” o casa pública, tradición española traída a México, el bar con sus diferentes denominaciones o particularidades aparece en la ciudad de San Luis Potosí pintado en acuarela como un expendió de agua miel y pulque en donde el pueblo bebe con o sin alcohol, celebrando con música vernácula y poesía.

Corría el año de 1890 en la hacienda de “Peñasco”, fundada en 1560 a 17 kilómetros al norte de la hoy ciudad capital del estado, cuando a los hacendados Espinoza y Parra deciden abrir una Pulquería en el centro histórico e instalan La Pulquería, ” El Peñasco” en el norte de los que es hoy el Jardín de San Francisco donde el “Octli Pulliqui” la bebida sagrada de los dioses aztecas, el neutle, tlapehue es altamente apreciado, recita el pueblo embrutecido alucinado:

” Pulque bendito, ! dulce tormento! Vamos pa’ dentro”

El mismo administrador de la hoy Ex-hacienda, Don Narciso Betancourt se aventuró por su cuenta y abrió la cantina  Pulquería “El Peñasquito” localizado hoy físicamente en una casi esquina de eje vial frente al Edificio de Seguridad Pública del Estado. En ese mismo año, la dirección oficial era constitución numero 100, según fue uno de los primeros permisos, misma que  heredó  su hijo José Betancourt dando paso la creación de un bar, un espacio sagrado para el hombre, especial y privilegiado que llegó a ser  llamado ” La Patria de todos los Músicos “… la leyenda apenas había comenzado.

El bar es una acuarela potosina: un pequeño edificio de dos plantas que alberga y atiende lo mismo a albañiles, obreros, que artistas, políticos, boleros y periodistas, con fama o sin ella, se fue convirtiendo en el bar bohemio por excelencia de la ciudad y del centro del país, donde se ríe y llora, se recita poesía y se toca la música más cercana al pueblo.

Fue en los años 40’s cuando Don “Pepe” Betancourt dueño y encargado del bar vivió intensos años como mecenas y testigo de la historia, por su establecimiento, humilde que en invierno regalaba ponches con “piquete” al pueblo hambriento, pero bohemio y digno; por ahí pasaron músicos de la talla de el “Flaco de Oro,” Agustín Lara, Lilia Prado, poetas y escritores como Ramón López Velarde creador de “La Suave Patria” o  Agustín Vera, boxeadores como José “Mantequilla Nápoles”; pesos pesados de la música mexicana tales como: Pedro Luis López (swing club), Amado Araiza, Habraham Cervantes de la “Orquesta del centro”, el trío “Los Orozco” y Pepe Cruz violinista de Agustín Lara.

Ahí fue hasta donde fue a dar el músico jalisciense Pepe Guizar a pedir consejo luego de ser amenazado por el gobernador y cacique huasteco del estado Gonzalo N. Santos de que si no componía una canción especial para San Luis Potosí en unos días  “saldría con las patas por delante de suelo potosino”, de ahí surge la leyenda de la canción inmortalizada por el actor Jorge Negrete, que caracteriza a nuestro estado “La Acuarela Potosina” de fama internacional e himno popular de la gente local.

En la época de oro del bar podían verse compañías enteras de teatro brindando en “El peñasquito” bailarinas y hombres “faunos” en mallas bebiendo y departiendo por igual con obreros, diputados, pintores, como el muralista Pedro Guzmán de León, en ese mundo surrealista siempre hay la mejor música en vivo, Don Pepe, emulando a Santa Cecilia (Patrona de los músicos); acogió, alimento y mantuvo a los músicos potosinos por siempre, los héroes locales, dispuso de un piso para su descanso y una bodega para sus instrumentos,  nunca hasta la fecha existió la mentada “Rockola” extranjera.

En nuestra visita al nuevo edificio de bar, hoy en Eje vial casi calle insurgentes, aún se respira añoranza, las paredes lucen repletas de artículos periodísticos y fotografías que dan testimonio del orgullo que hoy sienten los hijos de Don Pepe, Mario y Guillermo.

Me vienen a la mente frases típicas de borrachos como:

“Para todo mal, mezcal y para todo bien, también”.

Imagino, como a las 12 P.M. en punto como cada día de su vida Don Pepe despedía a todos con amabilidad, terminaban las tertulias temporalmente donde se recitaban, aplaudían y reían corridos bajo la noche estrellada del desierto potosino.

   

Me confirman que entre incontables historias y leyendas, y que además aquí se escribió el mítico poema
“El brindis del Bohemio” que reza: “En torno de una mesa de cantina, una noche de invierno regocijadamente departían seis alegres bohemios… los ecos de sus risas escapaban y aquel barrio quieto iban a interrumpir el imponente y profundo silencio”,  que es un verdadero tratado de filosofía alcohólica universal escrito por el poeta Guillermo Aguirre y Fierro nacido en San Luis Potosí en 1887  que constituye  parte del acervo de la cultura popular mexicana, al grado de que muchos afectos a las bebidas espirituosas lloran al oírlo.

Fotografía Stephanie García R.