¿Qué pasa con las relaciones románticas en situaciones como la pandemia por coronavirus?

El amor en los pasillos de la Terminal

La pandemia declarada por el Covid-19 ha motivado la implementación de diversas medidas alrededor del mundo, con el fin de que que las tasas de morbilidad y mortalidad no crezcan a niveles inmanejables por los organismos de salud. A pesar de las diferencias contextuales de las medidas según los lugares en los que se vienen aplicando, la solicitud de distanciamiento social aparece como una constante en todos los territorios.

Y si bien con el distanciamiento social se reducen las probabilidades de contagio, también se reduce el contacto con los congéneres. En ocasiones nos libra de situaciones incómodas que no podemos evadir, nos libra de contactos con personas que no son muy de nuestro agrado, pero también nos aleja de quienes queremos, con quienes deseamos compartir un poquito de nosotros y nosotras; dentro de ese universo de personas, se encuentran aquellas a quienes queremos en un sentido romántico.

Novio/a, pololo/a, enamorado/a, crush, el/la peor es nada y un sinnumero de categorías, o simplemente el/la que me gusta. Esa persona que hace que nos de un vuelco el estómago cuando vemos su nombre en la pantalla del celular, que al verla se congela un poquito el corazón, que nos pone torpes o a veces, valientes (por ejemplificar brevemente todo lo que podemos llegar a sentir).

Pero cuando llegan las medidas (¿o sugerencias?) de distanciamiento, parece que se pone a prueba el lazo entre estos seres humanos que comparten -hasta cierto punto- un mismo sentimiento. Con el cambio de dinámicas sociales actuales he sido testigo de una multiplicidad de efectos en las relaciones de pareja, desde mensajes de texto en donde se terminan relaciones porque no hay contacto físico y se cuestiona el sentido de una relación así, hasta las transgresiones claras de la medida de distanciamiento para poder sentir físicamente al otro (no sólo buscando la manera de verse, también he podido ver cómo al encontrarse, las parejas bajan su tapabocas/cubrebocas para besarse, por ejemplo).

Lo anterior me lleva a pensar qué tan real es el amor romántico, y por supuesto, no quiero negar la importancia de tocar y ser tocada, de oler, de saborear, de escuchar (no tanto así, de ver), pero me cuestiono sobre si todo aquello que creemos “sentir en el corazón” se reduce en realidad a algo meramente sensorial. ¿Si no nos vemos y nos sentimos no es real?, ¿estoy dispuesto/a a vivir un sentimiento que no es tangible? Estas reflexiones me remiten a recordar la frase “La distancia no es un problema. El problema somos los humanos, que no sabemos amar sin tocar, sin ver o sin escuchar. El amor se siente con el corazón, no con el cuerpo”, que aún no se sabe si es de Gabo, Gabriel García Márquez o de Octavio Paz.

Se dice que el amor lo puede todo… ¿podrá el amor romántico con esta pandemia? Las respuestas llegarán, esperemos que haya oídos para escuchar.