NAVIDAD DESDE EL INFIERNO

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Un reporte especial de Carlos Álvarez Gallegos, desde el CERESO #11 de Hermosillo-Sonora, México.

El conflicto armado interno denominado “guerra contra el narcotráfico”, se estima que ha cobrado la vida de más de 170 mil personas desde su inicio el 11 de diciembre del 2006, teniendo un efecto devastador entre las partes beligerantes: policía federal, marina, ejército mexicano, policías estatales y municipales contra los carteles del tráfico de drogas y sus ramificaciones  tales como el secuestro, extorsión o trata de blancas.

En el mundo situado dentro de las penitenciarías federales en donde permanecen en proceso y sentenciados miles de delincuentes, sicarios, capos, policías y políticos corruptos que forman parte de esta nación de delincuencia organizada por las matanzas y homicidios, permanecen esos seres humanos olvidados.

Aló San Luis ha recibido una conmovedora carta de un joven sicario de un grupo delictivo quien cumplirá su séptima navidad en la cárcel más grande del mundo: Centro Federal de Readaptación Social (CEFRESO) número 11 en las afueras de la ciudad de Hermosillo-Sonora en el noroeste de México en donde sobreviven más de 5 mil internos con delitos del orden federal.

La misiva es una súplica para que la sociedad no olvide que existen almas condenadas por el sistema y las circunstancias del destino y están dentro sufriendo, mientras la demás gente  disfruta de la Navidad.

Y decía lo siguiente:

¡Hola México! Qué bueno que el país ya está bien, que buena onda que amainó la violencia y que la mayoría de las ciudades del país gocen de tranquilidad y paz en estas fiesta navideñas, quiero reconocer que andaba muy recio allá afuera y que olvidé a mi familia y a mi comunidad para delinquir y hacerlos sufrir, y pues ya no me pude seguir escondiendo canijo, estoy triste porque les escribo desde aquí, en mi módulo controlado por unos chacas de los de la letra…
Aquí estamos todos, estamos muriendo todos juntos un año más hay: zetas, golfos, chapos, michoacanos, etc… pero también hay cientos de wachos, marinos, policías estatales, municipales, hay gabachos, rumanos, cubanos, árabes, colombianos y hasta de Dinamarca que también la están formando por malditos, ambiciosos y corruptos.
Todos caímos en las garras de Felipe Calderón Hinojosa, víctimas de su famoso plan Mérida, ese presidente ahora todos los sabemos, aquí hizo puras jaladas, y el sistema es tan cruel y mezquino que poco a poco te conviertes en un ser inhumano cuidándote de todos como lobos hambrientos, más vale portarse bien, no meterse en broncas, pero cuando llega la navidad duele, duele mucho, hay quienes por las frías noches se la pasan llorando y gimiendo recordando la vida de afuera en libertad.
Navidad 2015, otra vez aquí en mi celda, aquí nadie se mete con nadie pero esto es un infierno pues las condiciones son infrahumanas, es una celda para 5 está chiquita y te hacinas con tu colchón sufriendo y recordando las navidades con la familia allá en Tamazunchale,  mi rancho en el estado de San Luis Potosí, mi mamá, mi esposa y mi niña ¡ay Dios mío! como me hacen falta.

Templo del dolor y la miseria, nada es comparable con el infierno que se vive cotidianamente en el CEFERESO número 11 de la norteña ciudad de Hermosillo-Sonora, la población penitenciaria y sus autoridades son el principio del fin de la cadena simbólica de tragedias que enmarcan a la guerra pérdida contra el narcotráfico en México, la cárcel es la medida de la animalidad y adaptabilidad del hombre para sobrevivir pagando la deuda marcando día a día su condena, sin embargo, hay decenas de reos como el sicario Juan Nadie que ni a eso aspiran, no tienen abogados, ni esperanza alguna.
Mexicanos, me dirijo a ustedes en esta carta navideña, les digo la neta aquí la vida no es suave y el tiempo pierde sentido, pero la desesperación me hace meterme en broncas en el módulo, oigan yo también me considero hijo de Dios como ustedes, yo también me he acercado a él, y él ha contestado mis oraciones, no me ha dejado solo y me ha protegido de dos tres broncas y agradezco no haber perdido mi vida en las balaceras en la sierra de San Luis Potosí.
Esta navidad llegará tan cruda y desolada como las otra seis, y aunque no creo que sea tiempo para salir, pues créanme hice mucho daño y maté a muchas personas, de repente maquino dos tres Business (negocios) en mi mente y eso es señal de que no estoy listo para la libre, mis errores no han sido debidamente pagados, lo sé. Recuerdo las navidades en mi rancho Tamazunchale, el pavo, los amigos, mis papás, los regalos y las bendiciones, hasta acostábamos al niño Jesús y pedíamos posadas, esas imágenes me torturaran el día 24 de diciembre desde las 12 pm.

En el fondo metafísico, la pérdida de la libertad es sólo comparable a la pérdida del paraíso y ya entrando al purgatorio del horror en los pabellones del Centro de Readaptación Federal (CEFERESO) numero 11 en el penal de máxima seguridad más temido del país,  todo ha terminado prácticamente, y  es que según estudiosos de los derechos humanos esta cárcel fue construida expresamente para hacinar a los “enemigos públicos del sistema”, a saber: narcotraficantes, luchadores sociales, políticos corruptos contrarios al sexenio en turno.
Este infierno penitenciario está diseñado para evitar motines, fugas, riñas, cuenta con inhibidores de telefonía celular, vídeo, vigilancia, el interno pasa 23 horas confinado por una de patio, la comida es escasa y mala, no hay visita conyugal ni física, todo es por tele-visita, una vez al año los reos tienen derecho a una llamada cada 16 días con familiares sólo durante 6 minutos; el control es total sobre el condenado, física y psicológicamente.
Anoche tuve una pesadilla en plena nochebuena: nos había mandado el jefe a descuartizar a un pelado en un rancho en la sierra, pero cuando llegamos había ya tres demonios haciéndolo pedazos y riéndose todos bañados en sangre, eran sicarios pero además tenían cara de demonios y uno de ellos me señalaba con el dedo diciéndome: ¡tú eres mío!
Dios sabe que pasarán años antes de que identifique mi problema mental y las voces que me gritan dentro de mi cabeza que soy un asesino despiadado, quiero identificar mi problema psicológico para solucionarlo, pero aquí encerrado sin apoyo ni legal, ni psiquiátrico, ni mucho menos humano, no veo cómo,  lo aceptó porque el que hace mal sabe en lo que se mete, en estos años aquí han nacido muchos sobrinos en mi familia y ni siquiera sé sus nombres y si me conocen.
Donde quedo ese niño inquieto, lleno de ansias de vivir, que al salir de la primaria rural huasteca se arrancaba al río Moctezuma a jugar y bañarse, corríamos los chiquillos persiguiendo al tren y riendo como locos, el sol nos pegaba de lleno en la cara, nos subíamos a los árboles para clavarnos a las maravillosas aguas del río…
Mexicanos, bravo pueblo mío, perdón les pido por lo que hice y yo reflexiono en esta carta de navidad, si estaba condenado a hacer el mal, este castigo es una salida hacia la libertad, puedo dejar de actuar mal, si mi vida era una cosa tan nociva puedo sacrificarla,  si mi amor al bien está condenado a la esterilidad, quizá sea así de acuerdo, pero todavía me queda mi arrepentimiento y odio al mal, de ahí sacaré fuerza y coraje para sobrellevar esta mi tragedia personal. Les deseo Feliz Navidad  y un próspero año nuevo desde el infierno.

Por:  Carlos Alvarez Gallegos