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Oníricos paisajes musicales: el cosmos mágico de Salvador Yrizar.

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Oníricos paisajes musicales: el cosmos mágico de Salvador Yrizar Rojas.

Una valoración estética de Hans Foltz.

 

Adentrarnos en la pintura de encantamiento plástico del artista mexicano Salvador Yrízar es penetrar de pronto a un mundo de fantasía creado por excelente pulcritud e inspiración plagada de melodías, ritmos, armonía, en espacios abiertos más cercanos al sueño que a la realidad consciente. Producto más de la imaginación lúcida y desbocada, polifónica y colorida, que a la vigilia estéril que nos habita su trabajo nos lleva de la mano, con intensa alegría a las zonas donde habitan nuestros fantasmas interiores mostrandolos cercanos y dóciles, entrañables y nuestros.

Muy ligada a la sinestesia donde la poesía y la música convienen armoniosamente con la pintura, ligadas con lazos estrechos perdurables, aunque sentimentalmente perceptibles, la obra que se nos presenta como una totalidad siempre luminosa concebida como mano diestra y rigurosa. Cuando presenciamos una obra de Yrízar lo primero que se nos presenta es un espectáculo de vibración plena de fuerza que nos deslumbra de manera total en un solo instante pero que a la vez nos perturba y confunde. El paisaje que presenciamos nos parece familiar pero extraño. El lugar que perciben nuestros ojos no nos es desconocido, pero a la vez, a pesar de que sabemos con claridad que estuvimos ahi, es mas al mundo de los sueños, despiertos dormidos, a donde nos acercamos. Un mundo extraño pero familiar e íntimo.

 

Los seres que pueblan ese paisaje, fuera del entorno real y cercano, son conocidos pero lejanos. Su danza frenética nos conduce a sentirnos cerca de nuestro entorno, pero al mismo tiempo nos asustan un poco y nos seducen con su sonrisa lúbrica y amable. Contribuye a ello el colorido original, salvaje a veces, angelical otras tantas, que nada tiene que ver con el que vemos en el entorno cotidiano. Esos colores son más atrevidos y sus combinaciones son de gran libertad, pero siempre creíbles dentro de su aparente caos ficticio. La escala de color de los cielos y los mares que pueblan estas criaturas va de los más sutiles a los más estruendosos, peros siempre resplandecientes y danzantes. Creados por una mano que sabe los secretos de su arte pareciera que la pintura se transforma de pronto en música, poseedora de ritmos variados, de melodías volubles y voluptuosas, de una sinuosidad y un movimiento alucinante. Es necesario detenernos un poco para observar los detalles diferentes y variados, que solo deteniendonos en ellos con atención concentrada, podemos adivinar su secreto. Un alto dominio técnico de todos los recursos pictóricos manejados con rigor y libertad hacen de estos espacios oníricos originales una experiencia que debemos atrevernos a seguir.

 

Dueño de todos los recursos técnicos de su arte, agilidad y dominio del pincel, mago del color, de mano firma, fuerte pero libre, cada cuadro es un universo totalmente distinto y diferente al otro. Imágenes desbordadas mezcla de flora y fauna fantástica y loca, Salvador Yrízar Rojas domina completamente su lenguaje variado, original, rico, pletórico de ideas que enriquecen nuestro ser y lo elevan a soñar cosas siempre deseadas y próximas.

Hans Foltz


 

 

 

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