LAS COMILLAS

Las comillas se emplean para encerrar entre ellas las palabras textuales de alguien. El señor dijo: “No puede esperar más”; el título de una obra: “Cien años de soledad”, “Concierto de Aranjuez”, “Las Meninas”, “La casa de Bernarda Alba”; los apodos, seudónimos y sobrenombres: “El Zurdo”, “Clarín”, “Cid Campeador”, y las palabras y expresiones irónicas, vulgares o extranjeras de un texto: Esto se ha “terminao”. Tienen una tienda de “bricolage”.

He aquí otro signo ortográfico que, bien empleado, sirve en ocasiones para destacar una palabra o una frase, pero del que no conviene abusar, ante todo por razones de estética tipográfica.

Las comillas sirven para destacar una cita o una frase reproducida textualmente.

EJEMPLOS:

Y yo le dije: “!Caramba! !Estás desconocido!”.

César, antes de pasar el Rubicón, dijo: “!La suerte está echada!”.

También se pueden utilizar las comillas cuando se quiere dar cierto énfasis a una palabra, o, simplemente, un sentido irónico.

EJEMPLO: 

Nunca recibí un ataque tan “caballeroso”, como el que acaba de hacerme tan “digno” contrincante.

Suele utilizarse también este signo ortográfico cuando se escribe una palabra nueva (neologismo o barbarismo) o algún vocablo poco conocido – tal el caso de una palabra propia de una determinada jerga profesional.

EJEMPLOS: 

Las cabinas “presurizadas” son indispensables para los vuelos de gran altura.

Esto de los “cíceros” y de los “puntos”, no acabo de entenderlo bien.

El peligro de las comillas está en el abuso. Hay escritores que entrecomillan las palabras suponiendo que así, la frase resulta más intencionada o más “graciosa” El resultado suele ser anti-estético, tipográficamente y hasta contraproducente. Cuando se abusa de las comillas, el signo pierde fuerza y acaba por ser prácticamente insignificante.