El último baile

San Luis Potosí, S.L.P.

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María Luisa, vivía con sus padres, una chica tranquila, llevaba la vida como muchos jóvenes, salía a fiestas con sus amigos, estudiaba, ayudaba en casa a su madre, era feliz.

Pero un día la vida cambio, sus padres tuvieron un accidente, ellos necesitaban de su atención, dejó la escuela para poder cuidarlos, por un tiempo, ambos una mañana no despertaron, tomados de la mano quedaron en su cama.

Se quedó sola en el mundo, su padre la había dejado protegida económicamente, por lo menos durante un tiempo no tendría que preocuparse, pero su tristeza era tan grande que no podía pensar en nada, se sentaba en el balcón con una taza de café en la mano, así podía llegar el anochecer sin que lo notará, entre suspiros y lágrimas.

Una noche tuvo un sueño en el que aparecían sus padres, le pedían que volviera a sonreír para dejarlos ir, fue entonces que decidió regresar a la universidad, continuó con sus estudios, pero siempre sola, hasta que conoció a José un chavo bastante astuto, la vio desprotegida fue fácil acercarse a ella, pero él no tenía buenas intenciones.

Salieron durante un tiempo, María Luisa se sentía feliz, estaba enamorada. Poco después sin que ella supiera cómo, él se instaló en su casa. Un vividor totalmente, pero estuvo poco tiempo, ya qué cuando encontró donde lo guardaba su dinero, le robó hasta el último peso, las ilusiones y sus sueños.

Regresó al sentarse en el balcón soló a ver pasar los días, las cuantas comenzaban a acumularse estaba desolada, no encontraba salida, ni motivación para cambiar nada en su vida.

Una mañana se escucho el timbre, al abrir la puerta se sorprendió, era una vecina, nunca había cruzado más de un buenas tardes, la saludó y María Luisa contestó el saludo, la invitó a pasar, notó que la vecina se veía triste, comenzó a hablar mientras sus ojos se llenaban de lágrimas “No sé como comenzar, pero tengo un hermano se llama Jorge, bueno tenía, falleció hace unos días pero hasta hoy pude venir, él estaba enamorado de la chica de enfrente, desde hace años, se que tú nunca lo viste, era muy seguro, pero nunca pudo cruzar la calle para hablarte”.

María Luisa estaba impresionada, no sabía que tenía un vecino, sorprendida. La vecina siguió hablando “El sueño de mi hermano era verte feliz, nunca se fue de la casa para poderte ver por la ventana, el día que fallecieron tus padres, pensaba venir para presentarse contigo, que supieras que existía, pero llegaste destrozada al saber lo del accidente, no lo creyó oportuno, después cuando se arreglo para cruzar la calle, llegaste con un hombre, se regresó a la casa, pero tenía esperanza, en algún momento la voy a ver sonreír y estaré ahí sentado en el balcón con ella, pero hubo un asalto en su empresa, al proteger a una de sus empleadas le dispararon, murió al instante”.

María Luisa le tomó las manos tratando de brindarle consuelo, pero seguía sin comprender que sucedía.

La vecina quería comunicarle que su hermano había dejado un seguro de vida a su nombre. Pero por supuesto le contestó que no podía aceptar nada, menos de alguien a quien ella no conocía, le agradeció pero no podía recibir nada.

Desconsolada se fue la vecina, al no poder cumplir el sueño de su hermano, ella sabía lo importante que era María Luisa para su hermano, siempre le habló de ella, como si fuera su novia, tenía un amor puro, de esos que aman únicamente por amar.

Pasaron un par de semanas, entonces María Luisa cruzó la calle, ahora era la vecina la sorprendida, le dijo necesito hablar con alguien, estoy asustada se escuchan ruidos en mi casa, van dos noches que aparecen dos sillas juntas en el balcón, el otro día se encendió el radio “And I Love Her”, por las mañanas hay dos tazas en la mesa, acompáñame a revisar la casa, por favor. Accedió a ir con ella, juntas revisaron cada cuarto, cada rincón, hasta el jardín, pero no había nada raro, se sentaron a conversar, pero María Luisa no quería que se fuera tenía miedo, por favor se que suena raro, no nos conocemos mucho, pero no tengo a nadie y no puedo pasar esta noche sola, con gusto se quedó, sentía que haría feliz a su hermano.

Platicaron hasta tarde, se quedaron dormidas, a la mañana siguiente una voz despertó a la vecina, era la voz de su hermano, escucho “cuídala”, se le erizó la piel, era su hermano, siempre pensó que exageraba cuando decía que María Luisa era su amor. Entonces comprendió lo que sucedía, pero no le comentó nada a María Luisa.

Después de unas semanas, la hermana de Jorge volvió a hablarle del dinero del seguro, le insistía en que lo recibiera, lo que ella no sabía, era que Jorge le dejaba mensajes en el espejo, “Ayuda a María”, pero María Luisa no no quería recibirlo, de cierta forma se sentía culpable, aún cuando necesitaba el dinero lo rechazaba una y otra vez.

Como ya se habían vuelto amigas la vecina pensó en hablarle de su hermano para que sintiera que lo conocía y aceptara lo que le dejó. Así que puso su plan en marcha esa noche llevó un pastel y el álbum de fotografías ya que su hermano cumpliría un año más, a María Luisa le pareció algo muy bonito, cantaron las mañanitas, estuvieron conversando respecto a Jorge, a sus gustos, su canción favorita, le mostró fotografías, así pasaron las horas.

La vecina no perdía oportunidad de hablarle de su hermano tanto que María soñaba con él, como si estuviera vivo, hubiera sido su pareja ideal, pasaba el tiempo y cada vez Jorge era mas cercano a María Luisa al menos así lo sentía.

Una tarde María Luisa estaba sentada en el balcón, tomando un café viendo el paisaje, de pronto un aroma a perfume la hizo voltear, sentía una presencia pero no veía nada, una silla se movió, volteó no vio a nadie, se quedo sentada, ya se estaba acostumbrando a que cosas raras pasaran en su casa. Pero el radio se escuchó de otra vez la misma canción. Cruzando la calle desde la ventana la vecina observaba ese baile, parecía que estaba acompañada pero se veía sola bailando, giraba, abrazada a la nada, nunca la había visto reír hasta esa tarde, el sol se fue ocultando mientras María seguía en el balcón, platicaba, aparentemente sola.

La mañana siguiente cruzó la calle para ver a su vecina, finalmente aceptó el dinero del seguro, algo la había hecho cambiar su idea de no aceptar, pero finalmente podría cumplir el deseo de su hermano.

María Luisa se notaba feliz, algo raro en ella, con el dinero que le dieron pagó las deudas, pintó su casa de rosa, sembró rosas en la orilla de jardín, un árbol en el centro, su casa era diferente la felicidad había llegado.

Una noche arreglo todo, preparo una cena romántica, dos copas y una botella de vino, velas, en la mesa y dos sillas, su vecina que se dio cuenta, se alegró de que María Luisa finalmente había conocido a alguien eso imaginó, pero no vio entrar a nadie a la casa de enfrente, otra vez ahí María Luisa hablando sola, brindaba como si estuviera acompañada, pero desde la ventana la vecina no la vio acompañada, a lo lejos escucho la canción favorita de su hermano “And I Love Her”, se asomó por la ventana otra vez la vio bailar, giraba, reía. En ese momento recordó que su hermano le había dicho un día estaré ahí me veras bailar con ella, las lágrimas mojaron su rostro, pero era de felicidad, su hermano había cumplido su sueño. Se fue a dormir tranquila, la siguiente mañana cuando salió de bañarse encontró un mensaje en el espejo, decía “Cuídala, ya puedo descansar”.

La vecina se arregló, fue a casa de María Luisa al abrir la puerta la abrazó, las dos comenzaron a llorar, la cena del día anterior era una despedida. No dijeron nada pero las dos lo sabían, mientras Jorge finalmente descansa en paz.