DOS SIGLOS DE TRADICIÓN EN QUERÉTARO

Taurobolio sangriento para alimentar a todo un pueblo. Como en los ritos griegos de Cibeles y Atis en el municipio conurbado de Villa Corregidora “El pueblito” Querétaro se sacrifican varios bueyes para agradecer a la virgen María en su representación en talla de madera realizada por un cura Franciscano en el siglo XVII y con su carne se alimenta de carne más caldo a cientos de personas, espectáculo no apto para veganos evidentemente.

Nos levantamos temprano un domingo a principios del 2020 para ir a la plaza principal de este hermoso municipio queretano. Había algo de morbo en espera a la procesión o paseo de los bueyes, imaginaba a los pobres animales que son vestidos con adornos llamativos entre la algarabía de la gente, para luego ser llevados al rastro y ser sacrificados sin piedad. De entrada desayuné tremendas gorditas de Flor de Calabaza, Huitlacoche y Setas hoy sé porque las queretanas son las mejores gorditas del Universo, después de las de “Morales” en mi San Luis Potosí.

Me fui por ahí caminando preguntando entre la multitud por el convento y las calles empedradas, investigué de vox populi que en el año de 1632 el humilde pero gran escultor Sebastián Gallegos, hasta familiar resultó el fraile, regaló la pequeña figura de la virgen a su hermano quien residía cerca de la Gran Pirámide del Cué a 7 kms de la capital de Querétaro de origen Tolteca otro de los grandes atractivos arqueológicos de Villa Corregidora donde vive mi Hermana Lupita con su esposo Alex grandes anfitriones en este viaje.

Es curioso los curas españoles obligaron a los nativos a dejar su “idolatría” a dioses falsos los acusaron de sacrificios humanos pero les permitieron matar a otras criaturas en honor a una virgen tallada en madera. Obvio ya nadie repara en esta reflexión hoy lo importante es la peda, enseñar las piernas con esos mini shorts que visten las turistas oyendo música de banda, los ricos con sus grandes BMW y sus trocas “Explorer” cámara del celular en mano y los pobres tratando de imitarlos, otro aburrido domingo católico en la provincia de México.

La expectación crece. Es imposible guardar “Susana distancia” una suerte que esto ocurrió a mediados de Febrero hoy día con el COVID 19 sería imposible de celebrarse semejante barbaridad, trato de verle el lado pintoresco, al fin y al cabo soy católico sécula, así que me dejo llevar por mi ojo periodístico. Al fin aparecen los Toros de Raza Cebú vestidos con verduras, ajos, cristos y toda suerte de amuletos, aunque la plebe envilece, no tanto como en las corridas de toros estúpidas, hay una analogía perversa en el fondo…

Pasan ante mi más de 200 años de historia, a lo lejos se ve la impresionante “Pirámide del pueblito” abandonada pero majestuosa más sobria que el vetusto monasterio del pueblito en donde oscuras historias de monjas y monjes ocurrieron, me regocijo de alguna manera no puedo negar que es una escena surrealista que nunca olvidaré a la que tengo el privilegio de acudir este tipo de cosas solo pueden ocurrir en un país tan maravilloso como México mágico.