ESCUDRIÑANDO SUS MISTERIOS

MÁS PROFUNDOS

    Creatividad y precisión eran los símbolos más fuertes de la ingeniería que sustentaba los espectáculos que se presentaban en la Arena Romana conocida como “Anfiteatro Flavio” , escenas dantescas de gladiadores matándose entre sí, leones devorando felices cristianos o elefantes siendo destrozados por los propios emperadores, entre ellos Tito, se suceden otras grotescas imágenes: vienen a la mente cuando se aproxima uno por el laberinto subterráneo del terror, cuyas ruinas lucen desnudas  hoy día, fue aquí debajo de lo que alguna vez fue el piso de la arena, que al tratar de ingresar en él, algo se cae del cuerpo, un intenso escalofrío se apodera de los sentidos…

     Regresé al Coliseo romano luego de tomar el metro línea azul dirección Circo Massimo desde la estación de la Termini.  Al llegar entró directo con mi pase de prensa otorgado especialmente para Aló San Luis por el municipio de Roma, estoy decidido a no salir de aquí sin haber experimentado algo extra sensorial, ya sea una alucinación consciente o al menos la leve brisa con un viento de epifanía revolucionaria, lo considero al reflexionar tras más de 1, 500 años de construcción que los proyectos fueron en decadencia hasta que los cristianos conversos pararon el espectáculo sangriento extremo. Las batallas de gladiadores hacia el siglo VI, en donde guapos asexuados meseros pasaban con charolas llenas de vinos y exquisiteces culinarias entre las multitudes delirando en las gradas.

   Intento recordar todos los programas de televisión que he visto sobre arqueología Griega y Romana, la actitud es la misma  para la investigación: bajo perfil tratando de descifrar algunos secretos de su complejidad espantosa, ya sea en un afán parapsicológico o periodístico forense, me acerco lo que puedo bajando unas escaleras a lo que queda del hipogeo abierto al público en 2011 o su esqueleto de laberinto por sobre donde se escenificaba el teatro del horror romano, sus celdas, cuevas, cuartos y cámaras son espantosas, estos calabozos eran el corazón oscuro todos de los actos innombrables que en vistoso performance ejecutaban bestias humanas y animales ante la vista de miles de espectadores..

    En este hipogeo o subterráneo, en sus mazmorras. cámaras, recodos había celdas, cajas de metal en donde no cabía nada más grande que un León, un Oso, un Gladiador o un Cristiano convertido en bocado para las fieras, las jaulas eran subidas por trabajadores del imperio romano por medio de rampas especiales, el aire está envenenado, lo siento, apesta a Necromancia, la más negra posible e  imaginable, trato de controlar mis sentidos ya de por sí dispersos por las impresiones tras varios días en la Ciudad Eterna.

  De pronto en la soledad del Coliseo sentí una fuerza subconsciente en mi ser, en tanto avanzaba por sus grandes paredes, en su centro desde el subterráneo en el  coliseo iban surgiendo imágenes muy vívidas de actos atroces o heroicos, mi imaginación estaba emancipada, los pocos turistas que había por ahí se convirtieron en espectadores de los combates y espeluznantes carnicerías,  de pronto todo fue tomando forma, de un golpe, comprendí en mi interior la maldad humana en toda su intensidad, su maquiavélica ingeniería: elevadores por donde bestias salvajes son subidas, disfrazadas con hambre atroz. aparecen en forma mágica, la música, escenografías, actores, gladiadores armados, escuchó rugir a la multitud al unísono celebrando embrutecidos “La grandeza de Roma”.

  Me dejo llevar por mi imaginación sin identificarme con mis emociones más íntimas, camino cámara en mano hacia el costado sur del estadio. Todas las  batallas de los gladiadores, en la Roma clásica iniciaban con un desfile o “Pompa” en la que iban sacerdotes, músicos, actores, combatientes, nobles cargaban estatuas de los Dioses romanos de moda, era el espectáculo oficial conocido como “Mumus iustum ataque legitimum” los condenados a muerte recitaban la frase memorable, “Cesar quienes van a morir te saludan” los sacrificios sangrientos, comprendí eran solo son comparables con las cobardes corridas de toros de nuestros días, mientras que el circo continúa el pueblo seguirá pidiendo sangre perennemente.