ALTAR Y OFRENDA DE MUERTOS TRADICIÓN MEXICANA VIVA


         

Edificación subconsciente del anima que habita en el corazón del cuerpo físico dedicada al qué parte cuando este traje de carne perece, sincretismo ancestral, alimento espiritual del mexicano, que no abandona a sus difuntos, a los que, bien sabe se unirá en la ultra terrenidad tarde o temprano. Culto, ritual de reconocimiento a lo indescifrable, el altar de muertos permanece perenne, como una obra de arte viva del pueblo que cataliza el antes y el después de una conquista cultural inevitable. La sincronía de sus elementos se nutre con la diferente cosmovisión de diversidad de habitantes de las regiones del Anáhuac.

Los altares del día de muertos representan la tradición más importante de la cultura popular mexicana, la más conocida internacionalmente, es considerada y protegida como patrimonio cultural de la humanidad por la UNESCO.

Los diferentes niveles, pletóricos de simbolismos neo cristiano, representan el cielo, el infierno,  que se conjugan con las energías paganas representadas por los mexicas originales no europeizados como:  lluvia, fuego, inframundo, todo aromatizado por el copal o el incienso, olores de flores de Cempasúchil sagrado que crece en las tierras del Aztlán, la purificación como ideal supremo está representada en la presencia y la infusión de hierbas curativas: manzanilla, tomillo, laurel, romero, entre otros.

El arco principal, representado con flores multicolores así como adornado de cempasúchil, simboliza la entrada triunfal o fracasada al mundo de los muertos (Mictlán) en donde lo esperaba Mictlantecuhtli (señor de la muerte) es la terrorífica puerta al más allá que todo ser humano tiene que enfrentar personalmente algún día, el camino está iluminado siempre por el fuego, antes fogatas y antorchas, hoy con veladoras, cirios y velas de colores, el fuego purifica en cruz desde los cuatro puntos cardinales del universo (Omeyocan).

El ánima o espíritu ya liberado de la prisión carnal del cuerpo, emprende un largo camino a su verdadera patria eterna, para tal efecto se le pone agua en el altar, para saciar la sed infernal que le aguarda, si era alcohólico hay que facilitarle mezcal, ron, cervezas, etc. Por supuesto al ver que nada pasa con los líquidos los vivos terminan bebiéndose a rabiar a salud de sus muertitos, además devoran tamales, sopes, tlacoyos, pan delicioso, atole, etc… ellos están ahí ofrendando su vida, a su memoria…


 

“Muerte no te envanezcas, aunque te llamen poderoso y terrible

Pues no eres tal cosa, las víctimas que crees abatir no mueren

Pobre muerte y no puedes matarme ¿De qué te enorgulleces?

Tras un breve sueño en la eternidad despertaremos

Y la muerte ya no existirá … ¡Muerte morirás!

John Donne