Nadie mejor para estos tiempos de caos que la banda que mejor se maneja en esos maremotos, Triángulo de Amor Bizarro, con “un disco para cuarentenas” en el que se rebelan contra el “vacío de la contemporaneidad”, tanto en el terreno de la música como de las emociones.

“Para la música, los extremos son buenos, pero llevamos una época en la que todo contiene mucho discurso político y de márketing para llegar a la mayor gente posible. Eso hace que todo se parezca y sea blando, sin nada personal”, reflexionan los miembros de la banda gallega en una charla con Efe.

Como muestra de esa verdad, cuatro años después del aplaudido Salve discordia (premio Ruido de la prensa española al mejor disco de 2016) retornan con un álbum que han querido titular como ellos, Triángulo de Amor Bizarro (Mushroom Pillow), el primero “conscientemente” llamado así (lo de su debut de 2007, dicen, fue un accidente, porque no llegaron a bautizarlo).

“Y si nosotros llegamos a mucha gente, genial, pero que sea a través de lo que somos realmente. Por eso le pusimos esta vez al disco nuestro nombre”, ratifican al otro lado del teléfono Rodrigo Caamaño y Rafael Mallo, en ausencia de Isabel Cea y Zippo.

Como ellos, este es un disco radical. Frente al núcleo representado en su portada, “un agujero negro” que engulle la realidad, llevaron sus canciones a los confines de esa órbita de la corrección política. “Y si lo que buscábamos era hacer pop, que fuese pop extremista. Si era violencia, que fuese de una violencia extrema”, cuentan. “Es un disco de emociones más puras, más personales. En otros discos jugamos más a establecer puzzles, con temas que se relacionaban entre ellos, con dobles lecturas… Aquí los despojamos de eso para centrarlo en esas emociones y convertirlos en píldoras concentradas”, explican sobre su quinto LP.

Fuente: EFE