“JULIA”

No sé en qué momento nuestra vida se hizo tan rutinaria… ¿recuerdas lo que era ser niño y no preocuparse por nada más que jugar?-Preguntó Mateo mientras él y su amigo Sebastián se encontraban sentados en una colina viendo al horizonte.

-Sí, lo recuerdo, extraño esos días.

-Yo también, y pensar que cuando éramos chicos lo único que queríamos era crecer y trabajar, ingenuamente creíamos que era muy divertido y ahora nos damos cuenta de lo equivocados que estábamos.

-Exacto, luego vas madurando y te das cuenta de que no es así, conceptualizas que no todos trabajan en lo que les gusta y que por eso hay mucha gente amargada. La vida nunca es como la planeamos, olvidamos que las cosas cambian y que no estamos solos en esta vida, cada quién tiene sus sueños y aspiraciones. Además, luego se suman cosas como la muerte, la tristeza, etc.

-Sí. Y hablando de muerte, ¿dónde crees que esté ahora?

-¿Julia?

-Sí.

-No lo sé, en un lugar que sólo los muertos conocen. ¿La extrañas?

-Algo, supongo que lo único que la mantiene viva son mis recuerdos.

-¿Y qué pasará cuando tú mueras? ¿Quién o qué la mantendrá viva?- preguntó Sebastián viendo a Mateo fijamente a los ojos.

-Supongo que, los que me recuerden me mantendrán vivo, y al yo estar vivo ella también vivirá. ¿Tú nunca me olvidarás verdad?

-Nunca.

En eso, con lágrimas en los ojos, Mateo abrazó a su mejor amigo Sebastián, el cual cumpliría su último deseo.

-Ok, ya estoy listo. Hazlo no tengas miedo.

En eso, Sebastián con miedo sacó la revolver que había robado del cobertizo de su papá y viendo a su amigo Mateo se armó de valor y  apretó el gatillo dos veces, disparándole a un costado de su hombro izquierdo, donde se encontraba su corazón.

-Te quiero amigo- contestó Sebastián llorando. Ahora estarás con ella, no te preocupes, no dejaré de pensar en ti hasta mis últimos días…

 Alejandro Zermeño