Lilian:

30 de noviembre de 2011 a la(s) 15:28

Mi historia trata acerca de los terribles sucesos ocurridos en una sombría etapa de mi vida, una etapa que no quisiera recordar y si esta noche me e decidido a escribirla es por que me parece que mi fin está cerca y no quiero cargar con este peso en otro mundo si es que existe tal…

Mi relato comienza cuando yo tenia 35 años yo era un tipo dado a la bebida y al juego nunca dejaba una apuesta por tonta que fuera, frecuentaba lugares donde no todas las personas se sentirán confortables casinos clandestinos tabernas de mala muerte donde se arremolinaban prostitutas y ladrones, donde se congregaban los mister hides sin que hubiera doctor Jekyll alguno, vagaba por los callejones rodeado de amigos todos los que mi bolsillo pudiera alcanzar había veces que tomaba los mejores coñacs y también había momentos en los que el fiel aguardiente me quemaba la garganta, todo dependía de mi vaga suerte, nunca le reproche nada a mi suerte para mi ella era como yo cambiante y voluble.

Un día después de haber ganado un juego de póker en una taberna no de tan mala categoría, festejaba con mis amigos las rondas iban por mi cuenta el whiskey corría a mares se pasaban pipas de mano a mano por todo el lugar, propagando toda la felicidad que el dinero puede comprar. Cerca de las 3 de la mañana la puerta del bar se abrió, dejó ver a un tipo alto y moreno, el tipo ni siquiera se inmuto por el libertino festejo y se dirigió a una mesa ubicada en la esquina de la taberna, el hecho de no conocerlo y de que se hubiera auto excluido de aquel bestial festejo llamó mi atención, pero me encontraba borracho y solo solté una carcajada y dije – quién es este sujeto y por que el tipo me niega la cortesía de saludarme siendo yo el anfitrión de esta fiesta, el tipo no contestó.

Al ver esto, herví de cólera y me levanté de mi silla tambaleante me acerqué a la mesa y dije quién es usted que ni siquiera tiene la decencia de contestar mis preguntas, lo tome del abrigo que llevaba puesto, él me miro y vi.

Por primera vez esos penetrantes ojos grises que me atormentan hasta la fecha – tome asiento y le explicaré quién soy y a que vine, dijo el hombre sin quitarse sus penetrantes ojos de encima. Un amigo se me acercó para verificar si todo estaba bien y yo sin poder quitar la vista de aquellos ojos lo aparte con la mano tomé una silla y me coloque al lado del aquel extraño individuo – mi nombre no es importante lo que importa es que e oído hablar de ti y tengo un negocio que ofrecerte dijo él- explíqueme de qué se trata su negocio y podremos llevarlo a cabo sin más rodeos, cantinero traiga whisky para los dos.

Y así empezamos a charlar él me fue explicando sus intenciones para conmigo, el sujeto tenía un nombre extraño que ni siquiera me atreveré a plasmar en este papel que es testigo ahora de mi trágica aventura. El hombre me explico cómo podría yo obtener fortuna sencillamente y dejar a mi suerte de lado apegarse a algo más real a algo que fuera seguro en esta vida haciendo un trato, el trato consistía en entregar la mitad de mi vida a su mujer que estaba muriendo y así él me entregaría toda clase de riquezas las cuales yo no podría nunca siquiera aspirar a conseguir en dos vidas enteras, en ese momento las bebidas no me favorecieron y la razón se burló de mí, esperando ver este momento se preguntaran si accedí, pues claro que accedí y pusimos fecha y firmamos el acuerdo de vernos en su casa el viernes siguiente para consumar el trato.

Terminamos nuestra charla y el hombre abandonó el lugar pasó la fiesta. Yo desperté en mi casa con una mujer desconocida a mi lado no era tan malo ni tan extraña esa escena aunque pudo haber sido mejor si no se hubiera llevado mis últimas monedas

Pase el resto de la semana pensando en ese rato y en lo irreal que me parecía, llegado el viernes me había olvidado por completo del asunto cuando de pronto cuando cruzaba la calle vi como una mujer lloraba del otro lado de la calle gritando por su niño que había sido atropellado por una carreta me sobresalté tanto, que toque la primera casa que pude para pedir ayuda, me tope con un gran portón negro y al hacerlo sonar se abrió, los volví a ver, aquellos ojos, aquella mirada pesada y penetrante.

Pasa te estaba esperando creí que ya te habias olvidado del trato dijo él , yo casi no podía hablar por el gran sobresalto y le dije ayude a esa pobre mujer ¡Está ahí tendida en el piso!. Él asomó la cabeza por el portón miró a ambos lados y dijo: no veo mujer alguna yo volteé la mirada y en efecto la mujer había desaparecido.

Acto seguido me encontraba en la sala del sujeto petrificado de terror el sirvió té, dijo ya está todo preparado la sala era amplia y tenía una gran puerta al fondo de la cual se escuchaban gritos que podrían desgarrar el alma gritos que ablandaron al más duro criminal, el tipo entró en la puerta y salió con un bulto cargado en los brazos una sábana cubría aquel cuerpo, proyectando una figura casi fantasmagórica con un aire de tristeza el hombre puso aquel bulto en la mesa y quitó las mantas que lo cubrían, dejando así al descubierto el cuerpo casi cadavérico y desnudo de una mujer solo la cara quedaba cubierta por la manta, ella es Lilian ahora que están hechas las presentaciones los dejo para que cumplas con tu parte del trato, dicho esto se alejó y salió a la calle en el momento que cerró el portón percibí el horrible silencio que dominaba en la habitación, vi el cuerpo y sentí un terrible escalofrío al ver que se movía, que eso que estaba ahí en la mesa tendido estaba vivo, estaba susurrando algo, ese susurro era casi imperceptible trate de no mirarle pero el morbo combinado con el miedo me inundaron y decidí echar un vistazo quite el pedazo de manta que le cubría el rostro, escuche con claridad mi nombre sin que yo pudiera hacer nada, ella deslizó sus brazos manos hasta que quedaron abrazando mi cuello, yo sentía que estaba soñando, no podía controlarme ella intentó besarme fue cuando el reloj de la catedral empezó a sonar y desperté sobresaltado de mi sopor, empuje a aquella criatura hacia un lado, ella se fue al suelo dando un gran chillido, no podía creer lo que estaba pasando corrí a la puerta e intente abrirla, pero mis esfuerzos fueron en vano estaba encerrado con aquella criatura, al volver la mirada hacia donde había caído pude ver como se arrastraba sollozando hacia un rincón, ella lloraba tal y como había visto llorar a la mujer de la calle, ese llanto taladraba mi mente y me hacia pensar cosas de mi vida que no quería recordar, cuando pasaron 2 horas el llanto se hizo más fuerte y yo llegando casi a los extremos de la locura, tome una botella del minibar que se encontraba en la sala la destapé, comencé a beber, cada trago que daba a la botella sonaba más el eco de ese llanto sobrenatural, empecé a recordar a mi esposa y como ella me había abandonado por aquel incidente en la plaza, cuando murió nuestro único hijo, cuando por culpa de mi negligencia le deje solo, cuando por solo verme a mí no había reparado en todo lo demás, empecé a sentirme fuera de control y las culpas que no existían se impulsan con esos sollozos y atravesaban mi corazón tomé la botella del suelo di un gran sorbo, comprendí que era inútil y que debía de cumplir el trato, pero el calor del whisky acarició mi garganta e hizo que mi egoísmo regresará nublo mi mente, creo un sentimiento de repugnancia a esa cosa que estaba ahí en un rincón mi mente maquinó y soluciona prácticamente el problema ¡LA QUEMARÍA!. Si la quemaría y así no tendría que darle la mitad de mi vida a nadie, esperaría a que llegara aquel sujeto y lo quemaría también, así conservaría parte de la recompensa y parecería que fallecieron por muerte natural o mejor aún por la culpa de ese pobre sujeto atormentado, decidí poner en marcha mi plan y rocié con la botella a la criatura que se retorcía al sentir el alcohol penetrando su figura descarnada arroje un cerillo y ella empezó a arder, al hacer esto tome otra botella y me senté en el sillón esperando a que el dueño llegara cuando oscureció escuche el portón abrirse y me escondí atrás de un armario, el hombre llegó y al ver semejante atrocidad en el piso de la sala se abalanzó sobre el cuerpo calcinado lo tomó entre sus brazos y comenzó a llorar, cuando me disponía a golpearlo por la espalda con la botella el se levanto y me dijo no es necesario – yo pare mi golpe, no lo podía creer el sabia donde estaba escondido – no es necesario que lo hagas puedes conservar tu fortuna y mejor aún tu vida se prolongará aún más si eso es lo que deseabas, pero ya no vivirás como los demás mortales esa criatura que quemaste era la bondad que quedaba en tu alma, la quemaste por conseguir un fin, lo has conseguido así que toma tus cosas y vete, algún día nos volveremos a encontrar antes de dar la vuelta el hombre tiró dos monedas al piso y dijo este es el dinero del trago que me invitaste en aquella taberna sería injusto no pagarlo…

Y se fue dejándome ahí con una casa un cadáver y las bóvedas llenas de oro, desde ese día cada vez que intento dormir veo sus ojos grises y escucho el llanto de mi esposa así que bebo, bebo con miedo por que se que cada trago me acerca más a él…

Por Juan Carlos Zneas